domingo, 13 de agosto de 2017

WARLOCK


RESEÑADA POR GLORIA GONZÁLEZ para LIBROS
27 de Diciembre de 2012
Cómo he disfrutado leyendo una del Oeste: Warlock, de Oakley Hall.
En sus casi setecientas páginas hay cuatreros, duelos al sol, sheriff con estrella, asaltos a la diligencia, putas, un pueblo polvoriento, ladrones de ganado, mineros explotados y borrachos, etc. Pero os aseguro que es mucho más que una típica novela del género western. No hay buenos ni malos; mejor dicho, todos los personajes son buenos y son malos. Un pueblo sin ley en un país salvaje da para muchos dilemas morales y personales, sin dejar de lado la buena literatura.
Recomendada para quien le apetezca un clásico, o una novela de calidad, de acción y de personajes, con tintes de novela histórica (ficción histórica), simple y compleja.
Fue finalista del Premio Pulitzer y Thomas Pynchon ha dicho que es una de las mejores novelas norteamericanas.

Warlock (fragmento)

Gannon asiste a una fiesta de inauguración

I

Desde la puerta de la cárcel, Gannon la vio cruzar por la esquina del almacén de Goodpasture, tirándose de las faldas para no rebozarlas de polvo, el cordón del pequeño bolso enrollado en la muñeca. Buck Slavin, que venía de las cocheras, la saludó levantándose el sombrero y ella se detuvo un momento a hablar con él. Pero luego vio claramente que se dirigía a la cárcel.
Volvió adentro y se sentó en una esquina de la mesa. La había visto muchas veces en las últimas semanas; ella siempre le sonreía y, cada vez con más frecuencia, se detenía a charlar con él unos instantes, momentos que a él le resultaban difíciles, porque no se le ocurría nada importante que decir y siempre le quedaba la sensación, cuando ella se iba, de que la había decepcionado de algún modo. Oyó sus pasos. Y enseguida apareció en el umbral, sonriéndole, con el pequeño lunar artificial muy oscuro contrastando con la palidez de su rostro.
—Buenos días, señor ayudante.
—Buenos días, señorita Dollar —contestó, poniéndose rápidamente en pie.
La joven dirigió una mirada al calabozo vacío, sacó un pañuelo del bolsito y se lo pasó por las sienes. Llevaba el borde de la falda blanco de polvo. Sin embargo, sudorosa y llena de polvo como estaba, era una mujer hermosa, y, de pie frente a ella, incapaz de entablar una conversación agradable, sintió intensamente su propia torpeza, su ineptitud y fealdad.
—Hace fresco aquí dentro —observó ella, adentrándose algo más en la cárcel.
—Sí, señora. Y mucho calor afuera.
—He alquilado una casa.
—Ha tenido suerte de encontrarla. ¿Va usted...? Quiero decir, supongo que va a quedarse una temporada en Warlock, ¿no? —Ya llevo un mes aquí. Creo que voy a quedarme.—Se puso a mirar los nombres grabados en la pared enjalbegada y luego prosiguió—: Es una casa muy bonita. Se la alquilé a un minero. Unos muchachos del establo se han ofrecido a llevarme los baúles esta tarde. —Le sonrió mecánicamente, ladeando sus labios de carmín—. Me preguntaba si podría usted ayudarme en la mudanza.
—Pues... —tartamudeó él—. No faltaba más, señorita Dollar, estaría encantado de ayudarla. ¿A qué hora le parece...?
—Sobre las cinco. Probaré a hacer algo de cena. —Volvió a sonreír, no tan mecánicamente esta vez—. No se preocupe. Sé cocinar, ayudante.
—¡No me cabe duda! —protestó él—. Allí estaré, con mucho gusto.
Ella lo examinó de aquel modo tan suyo, a la vez despreocupado e intenso, como si pudiera ver en su interior pero buscando algo al mismo tiempo. Lo había notado sobre todo cuando, después de la muerte de Billy, se la había encontrado por la calle y ella se detuvo para decirle que lamentaba lo de su hermano.
Kate Dollar se quedó charlando un rato más, pero él se sintió, como siempre, cohibido y estúpido hasta que ella se marchó finalmente. Desde el umbral vio cómo cruzaba Southend pasando frente a los ociosos apostados a la puerta de los salones. Observó que ninguno de ellos intentó molestarla."