domingo, 3 de diciembre de 2017

LOS PERROS NEGROS


McEwan, lo ha vuelto a hacer.....¡¡¡
Empieza por la vida de un huérfano y sus aspiraciones, y acaba retratando Europa a través de un matrimonio de viejos comunistas. Retrata una época y varias vidas, con sus alegrías y sus muchas miserias; retrata ideologías y va mucho más lejos que esos sesudos teóricos del capitalismo vs comunismo; retrata sentimientos y, como el pasado, condiciona la vida durante generaciones.
Se nota mucho que soy fan de McEwan, verdad??? es que me encanta la facilidad que tiene para conectar hechos y lugares, vidas y sentimientos, recuerdos y futuros; en sólo 160 páginas. La recomiendo¡¡¡

Sinopsis (Ed. Anagrama)
A Jeremy, huérfano desde los ocho años, siempre le han fascinado los padres de sus amigos. En la adolescencia, cuando ellos se rebelaban contra sus padres, él era el buen chico que les acompañaba y satisfacía sus deseos. Ahora, a los cuarenta años, su último amor filial son los padres de su esposa, June y Bernard Tremaine, personas de cierta notoriedad, cuya biografía Jeremy ha decidido escribir. Y así, con la historia de la progresiva reconstrucción de la vida e ideas de los Tremaine, Ian McEwan ha escrito una de las novelas clave de nuestra época, un inquietante cuadro bajo cuyos colores se transparenta la «textura» ideológica del siglo XX desde la Se­gunda Guerra Mundial. June y Bernard Tremaine, fervientes militantes del partido comunista, se casaron inmediatamente después de la guerra y en 1946 emprendieron un tardío y largo viaje de bodas que les llevó a Francia, y tras el cual vivieron toda su vida separados, aunque nunca se divorciaron. June en el Languedoc, dedicada a la meditación y a la escritura de libros sobre experiencias místicas; Bernard en Inglaterra, como destacado político de izquierdas. En la familia se menciona a veces, pero de manera oblicua y esquiva, a los «perros negros» (el poeta romano Horacio sugirió que la visión de estos animales era un mal augurio, y Churchill hablaba del perro negro de la depresión), y su historia constituirá el núcleo que iluminará y dará sentido a toda la novela, tal como lo hacían el asesinato y el descuartizamiento de El inocente, el anterior libro de McEwan.«Sugiere una hipótesis escalofriante: el mal que resumen de modo terrorífico los perros negros habita también en el corazón de los inocentes» (José Andrés Rojo, El País).

Los Perros negros (fragmento)
"Yo no tenía ni idea de a qué distancia estaba. Mientras lo conducía, noté lo rígidos y lentos que eran sus pasos. Me culpé por mi falta de consideración. Estábamos cruzando una calle cortada por el Muro. A la luz de las farolas la cara de Bernard estaba gris y sudorosa y sus ojos parecían demasiado brillantes. La gran mandíbula, el rasgo más cordial de su enorme cara, mostraba un ligero temblor de senilidad. Yo estaba atrapado entre la necesidad de llevarlo deprisa hacia el calor y la comida y el miedo a que se derrumbase por completo. No tenía ni idea de cómo pedir una ambulancia en el Berlín Oeste y allí, en los abandonados bordes de la frontera, no había teléfonos y hasta los alemanes eran turistas. Le pregunté si quería sentarse y descansar un rato, pero no pareció oírme.
Estaba repitiendo mi pregunta cuando oí un bocinazo y unos vivas discordantes. La iluminación concentrada del puesto de control Charlie proyectaba un halo lechoso por detrás de un edificio abandonado delante de nosotros. A los pocos minutos salimos del callejón justo al lado del café y ante nosotros vimos la onírica familiaridad de la escena a cámara lenta que había visto con Jenny aquella mañana; el mobiliario fronterizo de casetas de guardias, carteles multilingües y barreras rayadas, y los ciudadanos bienintencionados seguían saludando a los peatones que venían del Este y dando puñetazos en los techos de los Trabant, pero con menos pasión ahora, como para demostrar la diferencia entre el espectáculo televisivo y la vida real.
Tenía cogido del brazo a Bernard cuando nos detuvimos para mirar todo aquello. Luego avanzamos lentamente por entre la multitud hacia la entrada del café. Pero la gente estaba haciendo cola. Solamente los dejaban entrar a medida que quedaban sitios libres. ¿Quién querría dejar una mesa a aquellas horas de la noche? A través de las ventanas salpicadas por la condensación pudimos ver a los privilegiados comedores y bebedores envueltos en el aire viciado.
Yo estaba a punto de abrirme paso a la fuerza, alegando necesidades de salud, cuando Bernard se soltó de mí y se alejó apresuradamente para cruzar la calle hacia la isleta del tráfico donde estaba la mayor parte de la gente, junto al puesto de guardia americano. Hasta entonces yo no había visto lo que él había visto. Más tarde me aseguró que todos los elementos de la situación estaban en su lugar cuando llegamos, pero yo sólo vi la bandera roja cuando seguí a Bernard llamándolo. Estaba atada a un asta corta, un palo de escoba serrado, quizá, sostenida por un hombre menudo de veintipocos años. Parecía turco. Tenía rizos negros e iba vestido de negro. Una chaqueta cruzada negra sobre una camiseta negra y vaqueros negros. Paseaba arriba y abajo por delante de la multitud, la cabeza echada hacia atrás, el asta de la bandera apoyada en el hombro. Retrocedió para ponerse en el camino de un Wartburg y se negó a moverse. El coche se vio obligado a maniobrar para rodearle.
Como provocación, ya estaba empezando a dar resultado y eso era lo que había atraído a Bernard hacia la carretera. Los antagonistas del joven eran un grupo variopinto, pero lo que yo vi en ese primer instante fueron dos hombres con traje —ejecutivos o abogados junto al bordillo de la acera. Cuando el joven pasó, uno de ellos le dio rápida y ligeramente bajo la barbilla. No era tanto un golpe como una expresión de desprecio. El revolucionario romántico se apartó con una sacudida y fingió que no había sucedido nada. Una anciana con un sombrero de piel le gritó una frase larga y levantó su paraguas. Un caballero que estaba a su lado la contuvo. El abanderado alzó aún más su estandarte. El segundo abogado dio un paso adelante y le asestó un puñetazo en la oreja. No acertó plenamente, pero fue lo suficiente como para hacer que el joven se tambalease. Desdeñando tocarse el lado de la cabeza donde había recibido el puñetazo, continuó su desfile. Para entonces Bernard había cruzado la mitad de la carretera y yo estaba justo detrás de él.
Por lo que a mí se refería, el abanderado podía recibir lo que se estaba buscando. Mi preocupación era Bernard. La rodilla izquierda parecía molestarle, pero iba cojeando delante de mí a buen paso. Ya había visto lo que venía a continuación, una manifestación más desagradable, que se acercaba corriendo procedente de la Kochstrasse. Eran media docena y venían gritando mientras corrían. Oí las palabras pero en ese momento no les hice caso. Preferí pensar que una larga noche en la ciudad regocijada los había dejado hambrientos de acción. Habían visto cómo golpeaban a un hombre en la cabeza y eso los había galvanizado. Tenían entre dieciséis y veinte años. Colectivamente, exudaban una maldad enana, un extravagante aire menesteroso, con su palidez cubierta de acné, sus cabezas afeitadas y sus bocas húmedas y blandas. El turco los vio cargar hacia él y torció la cabeza bruscamente como un bailarín de tango y les volvió la espalda. Estar allí haciendo aquello el día del oprobio final del comunismo demostraba el fanatismo de un mártir o una insondable urgencia masoquista de recibir una paliza en público. Era verdad que la mayoría de la multitud lo habría descartado como un chiflado y lo habría ignorado. Berlín era una ciudad tolerante, después de todo. Pero aquella noche había suficientes borrachos y una vaga sensación en unas cuantas personas de que se debería culpar a alguien de algo, y el hombre de la bandera parecía haberlos encontrado a todos en el mismo sitio. "


EL COMENSAL


"Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes." G. Ybarra
Así comienza El comensal, y es uno de los comienzos más prometedores que he leído en los últimos tiempos, lástima que el comienzo no se extienda a toda la ...novela....
No es mala novela y, además es corta, pero es un poco tramposa porque no cumple lo que promete; dice la publicidad que habla sobre la muerte del abuelo y la muerte de la madre....si habla de ambas cosas pero se queda casi en la superficie, habla, habla y habla y casi al final te das cuenta de que no te has quedado con nada.
Vale como diario, como recuerdo, como testimonio de como afecta la muerte a la familia, sobre todo si la primera es violenta y la segunda repentina; pero de ahí a esa obra maestra que nos han vendido los medios de comunicación, hay un abismo. A la autora le falta oficio, tiene mucho sentimiento, pero le falta orden y calidad literaria; ese punto que transforma una obra corriente en una gran obra.
La he leído con agrado y rapidez, tiene apenas 120 páginas pero esperaba mucho más¡¡¡

Sinopsis (Ed. Caballo de Troya)
Una novela autobiográfica en la que la autora trata de comprender su relación con la muerte y la familia a través del análisis de dos sucesos: el asesinato de su abuelo a manos de ETA y el fallecimiento de su madre.
«Una novela cuya atmósfera nos proporciona un alivio semejante al que siente un pez devuelto al agua después de haber sido capturado. [...] Leyéndola se asiste una vez más a ese misterio por el que la vida de otro, que poco o nada tiene que ver con la tuya, deviene en una cuestión de orden personal. Como si más que una novela, se tratara de una carta dirigida a ti.»Juan José Millás, Diarios del Grupo Editorial Prensa Ibérica
La muerte es un acontecimiento de primer orden. Cuando la parca se lleva a un ser querido heredamos lo que quedó sin resolver, y el dolor, o la liberación, que acarrea el deceso se extiende en el tiempo hasta que el vivoasume no sólo la desaparición del otro, sino también parte de la suya propia en la medida en que estamos hechos de retazos de los demás.
En esta novela autobiográfica Gabriela Ybarra trata de comprender su relación con la muerte y la familia a través del análisis de dos sucesos: el asesinato de su abuelo en 1977 a manos de ETA y el fallecimiento de su madre en 2011 por un cáncer. Así, la primera parte de El comensal es una reconstrucción libre (por tanto, no esconde la parte de ficción de toda memoria) del secuestro y posterior asesinato del empresario español Javier de Ybarra, quien también fue alcalde de Bilbao y presidente de la Diputación de Vizcaya durante el régimen franquista. Aunque esta muerte ha sacudido a todo el clan familiar (los padres de la protagonista tienen que abandonar el País Vasco y convivir con un escolta), no es hasta que la madre de la narradora enferma fatalmente que los duelos no hechos y las herencias políticas no asumidas (a veces por ignorancia) estallan.
El comensal es una novela importante por dos cosas: la narración de un conflicto histórico desde un lugar personal procurando la huida del victimismo y el reconocimiento de la importancia que tiene el hacer visible la muerte para asumirla. Acostumbrados como estamos a que los procesos de deterioro y fin de la vida se escondan, la novela sorprenderá por lo que tiene de reconciliación con la enfermedad, que aquí es relatada con luminosidad y sin puritanismo ni autocompasión.

El comensal (fragmento)

PRIMERA PARTE

I

Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes.
El primero en desaparecer fue mi abuelo paterno.
La mañana del 20 de mayo de 1977 Marcelina puso un hervidor de agua en el fuego. Aprovechando que el líquido todavía estaba en reposo, cogió un plumero y comenzó a desempolvar la porcelana. Un piso más arriba, mi abuelo entraba en la ducha, y al fondo del pasillo, en donde las puertas formaban una U, descansaban los tres hermanos que aún vivían en la casa. Mi padre ya no vivía ahí, pero en una escala entre Nueva York y otro destino había decidido acercarse a Neguri para pasar unos días con su familia.
Cuando sonó el timbre Marcelina estaba lejos de la entrada. Mientras pasaba su plumero por un jarrón chino escuchó que alguien gritaba desde la calle: «¡Ha habido un accidente, abran la puerta!», y corrió hasta la cocina. Miró un instante el hervidor, que ya había empezado a silbar, y deslizó el cerrojo sin asomarse a la mirilla. Al otro lado del umbral, cuatro enfermeros encapuchados se presentaron abriendo sus batas para mostrar las metralletas.
«¿Dónde está don Javier?», dijo uno. Sacó un arma y apuntó a la chica para que les indicara el camino hasta mi abuelo. Dos hombres y una mujer subieron por las escaleras. El cuarto se quedó abajo, vigilando la entrada de la casa y revolviendo papeles.


CONTROLARÉ TUS SUEÑOS


Quinta entrega de la serie de novelas protagonizadas por David "Dave" Gurney,  detective de homicidios retirado del Departamento de Policía de Nueva York.

Y aquí tenemos de nuevo al inefable Dave Gurney y su insoportable esposa Madeleine (Maddie para los amigos...que no deben ser muchos) en una historia "detectivesca" en la que lo más notable es la descripción del paisaje nevado y las relaciones entre estos peculiares esposos que, más bien, parecen enemigos.
Controlaré tus sueños (Wolf Lake) me pregunto siempre quien se inventa los títulos.....es una novela "plana" por decir algo y en sus más de 400 páginas no hay más misterio que el de "continuar leyendo" a pesar de saber "de pe a pá" como se va a desarrollar la historia, en fin.....he pasado el tiempo¡¡¡

Sinopsis (Ed. Roca)
¿Puede utilizarse una pesadilla como arma homicida? Esa es la inquietante pregunta a la que se enfrenta Gurney en la emocionante nueva entrega de esta serie de best sellers internacionales. El que fuera detective estrella del Departamento de Policía de Nueva York tiene que resolver un enigma desconcertante.
Cuatro personas que viven en partes diferentes del país, y a primera vista con muy poco en común, explican que han tenido el mismo sueño: una pesadilla aterradora en la que aparece una daga ensangrentada con la cabeza de un lobo en la empuñadura. Los cuatro hombres son posteriormente hallados con cortes en las muñecas –presuntos suicidios– y el arma que se utilizó en todos los casos fue una daga con la cabeza de un lobo. La policía enseguida se centra en Richard Hammond, un controvertido psicólogo que lleva a cabo sesiones de hipnoterapia en el Wolf Lake Lodge, un viejo y espeluznante hotel de las Adirondack. Al parecer, todas las víctimas habían ido allí para ver a Hammond poco antes de morir.
Gurney, inquieto por extrañas incongruencias en el enfoque oficial del caso, empieza su propia investigación, una investigación que lo pone en el punto de mira no solo de un asesino despiadado y de la policía local, sino también del rincón más oscuro del gobierno federal. Los enemigos de Gurney, tan implacables como la tormenta que lo atrapa en el misterioso lago del Lobo, están dispuestos a todo para impedir que descubra la verdad, incluso a un ataque feroz a la salud mental de su querida esposa Madeleine.
Gurney, con sus recursos emocionales tensados hasta el límite, debe lanzarse sin reserva a un letal duelo de ingenio con el oponente más frío y aterrador con el que jamás se ha enfrentado. 

Controlaré tus sueños (fragmento)

PRÓLOGOMás allá del terror
Estaba tiritando a la luz de la luna, en el lugar acordado, entre las dos cicutas gigantes que se alzaban al extremo del lago congelado. En la distancia, oyó la motocicleta que se acercaba; primero en Bale Brook Road; luego en el camino serpenteante que llevaba desde la carretera hasta el lago. Al final, llevada por la ansiedad,
divisó el foco delantero que parpadeó a través del bosque y que luego cruzó el claro que separaba los pinos de las altísimas cicutas negras. Estaba desesperada por verlo y, al mismo tiempo, lo temía. Se detuvo delante de ella y apagó el motor. Se quedó con los pies separados en el suelo, para equilibrar el peso de aquella enorme motocicleta. Era la de su hermano mayor; la conducía ilegalmente. Apenas apreció unos pocos copos de nieve sobre su cabello alborotado por el viento. No estaba segura de si el chico parecía preocupado o si eran cosas suyas porque ese era el aspecto que esperaba que tuviera. No había sido
explícita cuando lo había llamado por teléfono, pero su voz mostraba ansiedad y urgencia. Estaba segura, pese a que él estaba de espaldas a la luna, de que la estaba mirando atentamente, esperando a que le explicara por qué estaban allí.

CAZA AL ASESINO


Coincidiendo con su adaptación cinematográfica y con que estaba disponible en mi biblioteca, he decidido leer esta novela de Jean-Patrick Manchette, titulada originalmente La position du tireur couché y retitulada en castellano como Caza al asesino.
Empezamos mal ya, con el título, creo que el retitulador no se ha leído la novela y además ha "tirado" de hemeroteca, La caza del asesino es una novela de 1949 de Fredric Brown llevada al cine en 1958 por Gerd Oswald....., ¿no habrá títulos suficientes para distinguirse?
Al margen del título, la novela es un thriller, más o menos sangriento y "asqueroso" (de verdad es necesario tanto vómito y descarga de intestinos....???) que no me ha aportado nada nuevo y que tiene un "aire" un poco antiguo. A su favor tiene que mantiene la pregunta de como resolverá el autor tanto "despropósito" argumental y lo hace de una forma apresurada y un tanto, "ramplona"; sus 160 páginas se leen rápidamente, una tarde aburrida basta, bien es verdad que, en mi caso no ha paliado el aburrimiento......A vuestro juicio lo dejo, ahora que si, como dicen los críticos, es la mejor novela del autor, conmigo ya ha cumplido.
Capítulo aparte merece el prólogo de Carlos Zanón, 20 páginas de "erudición autocomplaciente" y spoiler final, pero lo peor es que es "intensamente aburrido"....

Sinopsis (Ed. Anagrama)
La novela que ha inspirado la película protagonizada por Sean Penn y Javier Bardem.
Un asesino profesional al servicio de una «Compañía» –que nos remite inevitablemente a la CIA– decide retirarse, rehusando una última misión, y regresar a su región natal para reencontrar a su primer amor, ahora una hermosa y convencional burguesa, en una tentativa de borrar las humillaciones de la infancia y de la adolescencia.
A partir de este doble esquema –el retiro, el retorno–, sabiamente entretejido y deliberadamente clásico, se desarrolla una sangrienta persecución en la que pululan policías, asesinos, servicios especiales, organizaciones terroristas... y al menos dieciocho cadáveres.
En Caza al asesino, la última novela, glacial y trepidante, de Manchette, el «itinerario» de este profesional meticuloso, con toda su panoplia (la extrema competencia, los reflejos impecables, la mirada indiferente), está descrito con un tratamiento realista y a la vez onírico, a fuerza de una precisión maniática que excluye todo psicologismo.

En 2015 se hizo una película basada en la novela, podéis ver sus características en el siguiente enlace:
https://www.filmaffinity.com/es/film404455.html


LA CONSPIRACIÓN DE LOS MEDIOCRES


Precuela de la serie de novelas protagonizadas por el comisario Lascano, apodado El perro, policía en Buenos Aires durante la dictadura militar.

Creo que he tenido suerte, porque hace tiempo que quería leer las novelas de Ernesto Mallo protagonizadas por El perro Lascano y de visita en mi biblioteca, he tropezado con esta "precuela" de la serie, por tanto, creo que empiezo casi por el principio.
Buenos Aires es una ciudad propicia para la novela negra, si a esto añadimos una época negra-negrísima, la tripe A y un policía concienzudo, triste y marginado, ya tenemos los mimbres para una gran policíaca.
Me ha gustado, mucho, me leeré la saga entera¡¡¡

Sinopsis (Ed. Siruela)
Ernesto Mallo nos sumerge en un mundo en el que conviven el asesinato y la impunidad del poder con una tormenta de pasiones amorosas, en un paisaje dominado por una jauría de asesinos a sueldo.

La narrativa argentina, así como la cinematografía, se ha ocupado extensamente de la sangrienta dictadura de Videla. Sin embargo, no ha tratado en la misma medida el periodo inmediatamente anterior. Aquella etapa fue el caldo de cultivo en el que se coció lo que luego sería el terrorismo de Estado a gran escala. Bajo el nombre de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), un grupo parapolicial se encarnizó con todo aquel que osara oponerse a los designios del hombre fuerte del país: José López Rega, apodado el Brujo por su afición a la magia negra.
En esta precuela de la serie del detective Perro Lascano, encontramos a un detective joven, aunque ya investigador de fuste. Para apartarlo de la investigación, los mandos policiales le encargan aclarar el suicidio de un anciano alemán. Esa misión lo arrojará directamente a las fauces de los sicarios, en un territorio donde no puede contar con nadie ni confiar en nadie. En el transcurso de su investigación, Lascano conocerá a Marisa, con quien vivirá una épica historia de amor.

La conspiración de los mediocres (fragmento)

1Cuando sonó el teléfono, Rolf Böll supo que hoy vendrían a matarlo. Cuando cuelga, por el auricular le llega un sonido agudo y breve, como el trino inconcluso de un pájaro mecánico. Se toma la cabeza con las dos manos. Solo le queda escapar, pero se siente demasiado viejo para continuar huyendo, escondiéndose, para aprender de sus errores, para defenderse, para rogar... Por la ventana se cuela un rayo de sol que pone a brillar como diamantes las partículas de polvo del pasado suspendidas en medio de la habitación. Lo invade una tristeza infinita por todas las cosas que pudieron haber sido y ya nunca serán. Hasta este momento había logrado alimentar su fe en el regreso triunfal de su especie. Ahora tiene la certeza de la extinción.
Ruido en la puerta de entrada. Abre los ojos. Ya está aquí. Pasos lentos, sigilosos, por el pasillo. Lo había pensado: esperarlo con su Walther cargada, amartillada y oculta en el regazo, y sorprenderlo, y dispararle, y partirle el cráneo, y matarlo. Pero eso sería un acto de esperanza y Rolf ya no tiene ninguna. Filosofía aparte, tampoco tiene las fuerzas ni la energía necesarias para manipular y deshacerse de un cadáver. Por el vano de la puerta, medio cuerpo, medio rostro, una pierna, un brazo y una mano con guante y pistola. La voz de Rolf es tranquila, tranquilizadora.
Pasa, no hay ningún peligro.
La desconfianza que se pinta en el semblante del joven no desaparece por eso, pero el tono de voz lo anima a entrar con el arma apuntada al piso. Con gesto cortés, Rolf lo invita a tomar asiento. El hombre mira en derredor. Su olfato le dice que están solos. Le clava los ojos celestes al viejo y se sienta frente a él.
¿Sabe que tiene que irse? Lo sé, muchacho. Lo sabía antes de que nacieras.

LA BROMA


Quinta entrega de la serie de novelas protagonizadas por Hanne Wilhelmsen, subinspectora de homicidios en la jefatura de policía de Oslo (Noruega).

Así, a trompicones, voy leyendo las novelas de Anne Holt, protagonizadas por la inspectora Hanne Wilhelmsen. No me cansaré de insistir en que las editoriales españolas "se han labrado su tumba" con estos saltos y estas ediciones desordenadas de novelas que "deben" leerse en orden.
Esta corresponde cronológicamente a la 5ª entrega de la serie Wilhelmsen (pero yo ya he leído la 9ª entrega.....mientras que la 6ª y 7ª todavía no se han publicado en castellano; por tanto, sé más de la protagonista de lo que sabía la escritora cuando comenzó la serie......en fin¡¡
Me ha gustado volver a leer a Holt en una novela de crímenes e investigación contra-reloj, con alguna complicación más.....pero, fundamentalmente una novela policíaca y eso, a veces, es de agradecer.
Espero las "entregas" que me faltan para cerrar el círculo

Sinopsis (Ed. Reservoir Books)
Hanne Wilhelmsen nació en 1960. O una fecha cercana. Resulta bastante difícil saber algo con certeza acerca de la discapacitada de mediana edad que vive ahora en la lujosa zona oeste de Oslo, en un exilio interior autoimpuesto.
Cuando el lector conoció a Hanne Wilhelmsen, a principios de los años noventa, era una atractiva mujer de treinta y tantos que, a pesar de sus reticencias, gozaba de cierta popularidad entre sus colegas. Sus notables habilidades deductivas y su intuición, así como su elegante capacidad para forzar al máximo las normas y reglas sin infringirlas, hicieron de ella la mujer policía más respetada y admirada del cuerpo de policía de Oslo.
La investigadora huye de la ciudad. Escapa de la pena y el dolor, y se ve obligada a enfrentarse a la persona solitaria que es en realidad. Viaja a Italia, donde se aloja en un monasterio de ambiente espartano y contemplativo donde permanece varios meses. Nadie en Noruega conoce su paradero ni tiene noticias suyas.
Esta es la historia crucial de Hanne Wilhelmsen, en la que se despliega una conspiración espectacular. Todo comienza con un brutal asesinato en la residencia de un importante abogado. Wilhelmsen se involucra en la investigación, que la llevará a un siniestro círculo pedófilo. Al mismo tiempo, su vida personal se verá salvajemente alterada cuando su compañera de toda la vida, Cecilie, afronte la muerte...
Esta quinta entrega de «Hanne Wilhelmsen» es la novela más compleja de la serie, en la que se despliega una de las conspiraciones más espectaculares.

La broma (fragmento)

PRIMERA PARTE

1

La certeza de que solo le quedaban unos segundos de vida hizo que por fin cerrara los ojos al agua salada. Al lanzarse desde el altísimo arco del puente había tenido miedo, pero cuando impactó sobre el fiordo tras atravesar el aire, no sintió dolor. Probablemente se había roto los dos brazos. Sus manos, dobladas en un ángulo extraño, desprendían una luz blancuzca. Intentó dar unas pocas brazadas, en contra de su voluntad. Era inútil. Sus brazos no servían para nada en la intensa corriente. Aun así, no sintió ningún dolor. Casi al contrario. El agua le rodeaba con una calidez sorprendente. La atracción del abismo le daba sueño.
El anorak se mecía a su alrededor; un globo oscuro y fofo contra un mar más oscuro aún. Su cabeza subía y bajaba como una boya abandonada, y dejó de mover las piernas.
Lo último que pensó fue que era posible respirar debajo del agua. Ni siquiera resultaba desagradable.

2

Hasta hacía poco la mujer había tenido el cabello rubio ceniza. Ahora era imposible verlo. La cabeza estaba separada del cuerpo y su media melena se había enredado en los tendones de su cuello cercenado. También tenía la nuca aplastada. Los ojos, muy abiertos, observaban con aire sorprendido a Hanne Wilhelmsen, como si la comisaria fuera una invitada del todo inesperada.
Aún ardía fuego en la chimenea. Pequeñas llamas lamían el muro ennegrecido, y su luz no llegaba muy lejos. La electricidad estaba cortada y la oscuridad se pegaba a los cristales como un espectador curioso. Hanne Wilhelmsen reprimió el deseo de añadir más leña al fuego y encendió una linterna. El haz de luz pasó sobre el cadáver. Aunque la cabeza estaba separada del cuerpo, la distancia entre ambos era tan escasa que indicaba que cuando la habían degollado la mujer estaba tumbada en el suelo.
—Una pena esa piel de oso polar —murmuró el inspector Erik Henriksen.
Hanne Wilhelmsen hizo bailar el haz de luz por toda la habitación.

FANTASMA


Novena entrega de la serie de novelas protagonizadas por Harry Hole, policía en Oslo (Noruega)

Harry Hole, ha vuelto, ha vuelto a Oslo en busca de sus fantasmas, en busca del pasado que no le deja y Harry es más parecido a si mismo que nunca¡¡¡
Me ha parecido volver a las primeras novelas de Hole, con un protagonista luchando contra si mismo pero no rendido a si mismo. Una trama envolvente de mafia, drogas, destrucción, corrupción política y policial que Harry debe desentrañar, como siempre..., por amor.
Quizás, algunos de los personajes conocidos están un poco menos presentes y otros semi-olvidados, vuelven con fuerza, pero la he visto como una trama clásica de las novelas Harry Hole, nada es cierto, todo es cierto.....
Me ha gustado volver a Harry y como siempre me quedo con ganas de leer más¡¡¡
A l@s aficionad@s os gustará, a los que, todavía, no lo sois os "convertirá" y es que los Fantasmas es lo que tienen, siempre vuelven.....¡

Sinopsis (Ed. Reservoir Books)
HARRY HOLE AFRONTA UN NUEVO CASO
Cuando Harry Hole se marchó a vivir a Hong Kong creyó que su vida cambiaría para siempre: dejaba atrás su pasado en Oslo y su carrera como detective. Sin embargo, un acontecimiento del todo insospechado le hace regresar una vez más a su ciudad natal: Oleg, el niño que ayudó a criar y a quien tanto quiso, ha sido arrestado, acusado de asesinato.
HARRY HOLE ENTRA EN EL LUMPEN DE OSLO
Harry no cree que Oleg sea un asesino, así que decide volver a Oslo para tratar de encontrar al verdadero culpable. Sin embargo, hay muchas pruebas que señalan a Oleg como asesino... Harry Hole está fuera del cuerpo de policía, pero, en virtud de sus contactos de otros tiempos, se verá inmerso en el mundo más lumpen de Oslo: peligrosas bandas de traficantes han puesto en circulación una nueva droga de algo potencialmente mortífero que se está volviendo muy popular entre los consumidores. Este es un caso muy especial para Harry, muy personal: deberá enfrentarse a su pasado y a una verdad incómoda sobre Oleg.

Fantasma (fragmento)

1

Los gritos la llamaban. Penetraban como una lanza sonora todos los demás ruidos nocturnos del centro de Oslo: el rumor incesante de los coches en la calle, la sirena que subía y bajaba a lo lejos, las campanas de la iglesia, que acababan de empezar a repicar. Era ahora, por la noche y a veces antes del alba, cuando salía a cazar para comer. Olisqueó el sucio linóleo que cubría el suelo de la cocina. Registró y clasificó rápidamente los olores en las tres categorías: comestible, amenazador o irrelevante para la supervivencia. El olor agrio de la ceniza gris del tabaco. El dulce sabor azucarado de la sangre en una bolita de algodón. El olor amargo a cerveza de la parte inferior de la chapa de Ringnes. Moléculas de dióxido de azufre, de nitrógeno y de carbono surgían de un cartucho metálico vacío con espacio para una bala de plomo de 9×18 mm, también llamada simplemente Makarov, por la pistola a la que dicho calibre se había ajustado originalmente. Humo de una colilla todavía ardiendo con el filtro dorado y el papel negro con el águila nacional rusa. El tabaco se podía comer. Y allí estaba: un olor a alcohol, cuero, grasa y asfalto. Un zapato. Lo olfateó y decidió que no era tan fácil de consumir como esa chaqueta del armario que olía a gasolina y al animal en proceso de putrefacción del que estaba confeccionada. Así que su cerebro de roedor se concentró ahora en cómo franquear aquello que tenía delante. Lo había intentado por los laterales, había intentado meter el cuerpo, de veinticinco centímetros de longitud y menos de medio kilo de peso, para llegar al otro lado, pero no hubo forma. El obstáculo estaba de costado, con la espalda pegada a la pared, tapando el agujero que conducía hasta su madriguera y hasta sus ocho crías recién nacidas, ciegas y sin pelaje, que reclamaban sus mamas con ansia creciente. La montaña de carne olía a sal, sudor y sangre. Era un ser humano. Un ser humano que todavía estaba vivo. Tenía unos oídos lo bastante sensibles como para captar los débiles latidos del corazón a pesar de los chillidos de hambre de las crías recién nacidas.