sábado, 26 de agosto de 2017

SACRIFICIO DE INVIERNO


Primera novela de la serie protagonizada por la comisaria Malin Fors en la ciudad sueca de Linköping.

RESEÑADA por Amelia Ruíz para LIBROS, el 10 de Noviembre de 2013.
Regular. 
“Sacrificio de Invierno” de Mons Kallentof.
Muy buena novela hasta llegar al final que lo encontré muy forzado. Pero es clima, el estudio de los personajes me pareció excelente.

Sacrificio de Invierno (fragmento)

Prólogo
Götaland Oriental, martes,31 de enero

[En la oscuridad]

"No me golpeéis.
¿Me oís?
Dejadme en paz.
No, dejadme entrar. Las manzanas, el perfume de las manzanas. Lo percibo.
No me dejéis aquí, en medio de esta fría blancura. El viento arrastra alfileres que devoran mis manos y mi cara hasta que no queda nada de piel congelada, nada de carne, nada de grasa en los huesos, en el cráneo.
¿No os dais cuenta de que desaparezco? No podría importaros menos, ¿verdad?
Los gusanos serpean por el suelo de tierra.
Los oigo. Y a los ratones, que copulan y se despedazan enloquecidos por el calor. «Deberíamos estar muertos a estas alturas –susurran–,pero tú has encendido la estufa y nos mantienes con vida. Somos tu única compañía en este frío». Pero qué compañía, en realidad. ¿Hemos estado vivos alguna vez o morimos hace ya mucho tiempo, en una habitación tan estrecha que no cabía en ella ningún amor? Cubro mi cuerpo escuálido con un paño húmedo, veo arder el fuego por la ventana de la estufa, noto que el humo se eleva por mi agujero negro y sale hacia los pinos dormidos, los abetos, el musgo y la piedra gris, el hielo que cubre el lago.
¿Dónde está el calor? Sólo en el agua que hierve. Si me duermo, ¿despertaré?
No me golpeéis.
No me dejéis aquí en la nieve. Fuera.
Me volveré azul y luego blanco, como todo lo demás.
Aquí puedo estar solo.
Me duermo y, en mis sueños, vuelven las palabras: mierda de niño, que se mea en la cama, no eres de verdad, no existes.
Pero ¿Qué os he hecho yo? Decidme sólo eso:¿qué he hecho yo? ¿Qué sucedió?
¿Y de dónde procedía el aroma a manzanas la primera vez?
Las manzanas son redondas, pero estallan, desaparecen en mis manos.
Migas de galleta en el suelo bajo mis pies."

CAPITAL


RESEÑADA por Amelia Ruíz para LIBROS, el 10 de Noviembre de 2013.
Buena, la mejor novela que he leído este año. “Capital” de John Lanchester.
Historia coral de los personajes que viven o se mueven por una calle de Londres cuyos vecinos reciben postales enigmáticas. Emigración, terrorismo, arte, finanzas, amor, ambición, vejez, una serie de situaciones en medio de la crisis económicas que aún nos afecta, escrito todo con una sensibilidad y una prosa justa y sobre todo ello un gran protagonista, la ciudad de Londres.
Absolutamente recomendable.

Otra opinión de una querida amiga de LIBROS e inveterada lectora.


RESEÑADA  por Marie-Loup Raffestin para LIBROS, el 20 de Julio de 2014.
He leído "Capital" de John Lanchester.
La historia se pasa en Pepys Road, una calle del sur de Londres, y relata las vidas de personas que viven o trabajan en esta calle (una niñera húngara, un albañil polaco, un banquero que trabaja en la City y su mujer, un joven futbolista senegalés, una señora mayor que vive en esta calle desde siempre,... una familia pakistaní que lleva una tienda...). El libro me gustó mucho. Los personajes son muy consistentes y además la historia está muy bien construida y creíble, los destinos de los personajes se entrelazan de manera muy natural. Y si os interesa conocer la sociedad inglesa actual, es el libro adecuado. Con los puntos de vista de los diferentes personajes, el autor hace una presentación de Inglaterra bastante acertada.
Lo recomiendo.

Pues, yo también he leído Capital, y esta es mi opinión:

Mi agradecimiento eterno a tod@s l@s amig@s de LIBROS que me han recomendado esta novela, primera que leo de John Lanchester, y no será la última¡¡¡
Un banquero, un albañil, una anciana british, una familia paquistaní, un futbolista africano, una refugiada zimbabuense....todos ellos conforman el universo Capital, todos ellos viven o trabajan en Pepys Road y todos ellos sienten lo que cualquiera de... nosotros podemos sentir, vivamos donde vivamos..
Capital es un reflejo de una ciudad anglosajona pero con pequeños cambios podría ser el reflejo de cualquiera de nuestros barrios, en transición de un siglo a otro, en transición desde un modo de vida a otro.
Escrita con una prosa vibrantemente humorística, Capital no da respiro, se vive y se siente desde la primera hasta la última de sus, casi, 600 páginas.
Magnífica¡¡¡


Sinopsis (Ed. Anagrama)
Todos viven o trabajan en una calle de Londres; algunos se conocen, otros no, pero casi todos acabarán cruzándose. Roger Yount es un banquero de la City que espera una prima anual suficiente para pagar su segunda vivienda; ya tiene dos coches y también quisiera tener dos mujeres. Y que la segunda fuera menos manirrota que la oficial, que no da golpe. Antes de conseguir lo que sueña, se queda sin trabajo, cargado de deudas y al cuidado de su hijo menor, porque su todavía única mujer lo abandona temporalmente. Ahmed es un pakistaní que tiene una tienda y dos hermanos, uno vago y fundamentalista, otro trabajador y demócrata. Cuando llega su madre de Pakistán, está dispuesta a criticarlo todo menos al hijo enloquecidamente religioso... También está Petunia, una anciana que no sabe que en su casa hay escondido medio millón de libras. Y Zbigniew, el albañil polaco, y Smitty, un artista del escándalo y cuyo verdadero nombre nadie conoce, y sólo sabemos que es nieto de Petunia...
Entretanto, la crisis económica acecha a Londres, y al mundo, y cada uno de los vecinos de la calle recibe una postal entre amenazante y siniestra que dice «Queremos lo que usted tiene». ¿Será su vivienda, sus tesoros escondidos, sus deseos, los confesados y los inconfesables? Capital combina una gran novela de «vidas cruzadas», como lo hicieran en el pasado Joseph Roth, John dos Passos o Stefan Zweig, con grandes frescos contemporáneos, y el resultado es un microcosmos espléndido, irresistible, que sólo una gran novela, o la vida, pueden contener.

Capital (fragmento)

PRIMERA PARTE
Diciembre 2007
1
"Una mañana lluviosa de principios de diciembre, una señora de ochenta y dos años estaba sentada en la sala principal de su casa, en el número 42 de Pepys Road, mirando la calle a través de los visillos de encaje. Se llamaba Petunia Howe y esperaba una furgoneta de reparto de Tesco.
Petunia era la persona de más edad de Pepys Road y la última que había nacido en la calle y seguía viviendo allí. Su conexión con el lugar, sin embargo, era más antigua aún, porque su abuelo había comprado la casa familiar «sobre plano», antes de que se construyera. Era pasante de abogado y trabajaba en una serie de bufetes de Lincoln’s Inn, un hombre a la vez conservador y del Partido Conservador, y como suele suceder entre los pasantes, enseñó el empleo a su hijo, y luego, como el hijo sólo tuvo hijas, a su yerno. Dicho yerno era Albert, el marido de Petunia, fallecido cinco años antes.
Petunia no se creía mujer que lo hubiera «visto todo». Pensaba que había tenido una vida limitada y monótona. A pesar de todo había vivido dos terceras partes de la historia de la calle y había visto mucho, fijándose en muchas más cosas de las que admitía y juzgando lo menos posible. Sobre este particular opinaba que Albert había emitido juicios suficientes por los dos. La única laguna detectable en sus vivencias de Pepys Road se refería al momento en que había sido evacuada durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, ya que había pasado de 1940 a 1942 en una granja de Suffolk."

TODO LO QUE UNA TARDE MURIÓ CON LAS BICICLETAS


RESEÑADA por Ricardo Cortat para LIBROS el 10 de Noviembre de 2013.
Leo en la contraportada: "Una treintañera regresa a casa de sus padres desorientada".
Muy desorientada, el libro debería ser una búsqueda en la historia familiar para reorientar el futuro y/o entender el pasado y en realidad es una deslavazada sucesión de recuerdos, historias, fragmentos de...? que apenas hacen que la historia avance. Eso sí, retroceder, retrocede mucho.
Vale la pena leerlo por la manera de escribir y de contar, muy interesante pero en el concepto 'voy a contar algo y que se entienda' flojea un poco.
Y ahora que me doy cuenta no he dicho el titulo. 'Todo lo que una tarde murió con las bicicletas' de Llucia Ramis.

Todo lo que una tarde murió con las bicicletas (fragmento)

I. El Norte"Es blanca, de estilo francés. Algunas baldosas se han desprendido de la fachada y su tejado de zinc soporta apenas un cielo de plomo. En el jardín, agotado por el abandono, desfallece un pequeño manzano. Los arbustos de hortensias se recuestan en la valla, corroída por el óxido, y la verja de la entrada emite un largo gemido cuando oncle Claude la abre y, levantando dramáticamente las manos, exclama:
—¡Bienvenida a Salinas!
El primo de mi madre lleva barba, un polo azul, sandalias de pescador y bermudas, fuma en pipa y se balancea como un tentetieso. Un chucho sale ladrando con una rabia ridícula. La casa conserva la belleza decadente de un pasado que permanece estival en la memoria, como si la infancia siempre fuera en bicicleta. Existe una teoría arquitectónica, nada científica, por la que todo tiende a aguantar. Faltan balaustres en las barandillas, la hiedra estruja las vigas del porche y una lagartija serpentea bajo nuestros pies, doy un brinco. La sal flota en esta tarde sin sombras, el campanario da las cuatro con un débil quejido. Es el mismo campanario que volvía loca a la madre de oncle Claude.
Dentro, los desconchones despliegan inmensas mariposas de Rorschach en las paredes que no tapan ni un magnífico espejo que ha dejado de brillar, ni un escritorio isabelino deformado por la humedad. Unas cortinas de terciopelo ajado intentan ocultar, sin éxito, las grietas en los marcos de las ventanas. Parece una casa okupa y, sentados en un par de sofás horribles años noventa de color pastel, que debió de regalarles algún vecino, los niños descalzos —los pies sucios— juegan cada uno con su Nintendo."

NO HAY QUE MORIR DOS VECES



Décima novela de la serie protagonizada por el Inspector Méndez.

RESEÑADA por Noelia Vallina para LIBROS el 11 de Noviembre de 2013.
Recién terminado "No se puede morir dos veces" de Francisco González Ledesma, creo, un descubrimiento.
Ya había leído algo de este autor pero este libro me cautivó desde el principio.

Sinopsis de No hay que morir dos veces (Ed. Planeta de Libros)
Una niña que vive aislada en una casa que recibe demasiadas visitas, un hombre que acepta el encargo de volver a matar, una novia que dispara a su prometido en plena boda. ¿Tienen algo en común estos crímenes?

Tras este comienzo que nos deja sin aliento, se desgranarán todas las pruebas y seguiremos todas las pistas a través de las calles de Barcelona en esta novela apasionante que descubre el alma del asesino.

La vida y la muerte conviven en esta trama adictiva, que se convierte en un reto para el lector, demostrándonos que la línea entre ambas es más fina de lo que parece.

LOS MILLONES


RESEÑADA por Gloria González para LIBROS el 13 de Noviembre de 2013.
"Los millones", de Santiago Lorenzo.

Madrid, 1986. A uno del GRAPO le tocan doscientos millones en la Primitiva y no puede cobrarlos porque no tiene DNI.
Os recomiendo esta obra por muchos motivos: porque es una historia de humor-amor-intriga-aventura, porque te hace revivir los ochenta sin necesidad de recurrir a la “movida”, porque la trama es adictiva, porque ríes y sufres a partes iguales, porque cada personaje que aparece da para otra novela, porque es una novela original, para haberse escrito ahora, a lo que contribuye incluso la faja desplegable del libro editado por Blackie Books, etc.

Santiago Lorenzo ha escrito también “Los huerfanitos” (¡me la pido!), ha sido guionista, director y productor de cine y es un artista que elabora juguetes artesanalmente.
Un autor interesante.

Los millones (fragmento)

1"La cárcel de Palencia se llama La Moraleja. El nombre le hacía mucha gracia a Francisco García. El resto de reclusos no entendía el chiste, porque ninguno era de Madrid. La Moraleja es uno de los barrios más postineros de la capital.
Hacía tres semanas que la sala de Modelismo Ferroviario de la prisión albergaba la exposición «En-Cárcel Arte 88». La componían treinta y dos cuadros realizados con todo tipo de material escolar (ceras, Plastidecor, rotuladores gordos y finos, témperas Pelikán, etc.). Malos a rabiar, parecían reírse de tantos cumplidos que recibían de los visitantes, destinados a que los presos se animaran, recobraran sus puntos de autoestima y sopesaran la posibilidad de dejar de delinquir.
Había un solo óleo en la exposición. Era distinto a todos. El cuadro representaba un reloj de pared, con sus agujas marcando las doce y siete, y debía de ser obra de algún recluso que se figuraba así sus días: a tiempo parado. Ocurría con el lienzo lo que a veces ocurre con cierta obra plástica de aficionados que se encuentra por bares, por domicilios particulares, por entidades de gestión: que la pintura, tras una pésima ejecución de manual, muestra la impronta de un espíritu derruido, que lame a pincel sin vigor alguno y que, plasmando así su cansancio desmochado, retrata la desesperación con cruda verdad. Con más exactitud, en definitiva, que el espabilado que durmió a pierna suelta, desayunó bien, se puso frente al caballete en soleado estudio y trazó con desparpajo su ejercicio de simulada angustia."

LA ISLA BAJO EL MAR


RESEÑADA por losrelatosdepatri para LIBROS,  el 13 de Noviembre de 2013.
Terminado "La isla bajo el mar" de Isabel Allende. Hacía muchos años que no leía una novela de Isabel Allende, y me ha gustado volver a leerla. Esta novela me apetecía porque me parecía diferente a otras de la autora y no me ha decepcionado, aunque es cierto que en algún momento se me ha hecho un poco larga y pesada, en el medio de la novela, pero en general me ha gustado.
La historia de Zarité, una esclava en Saint-Domingue (Haití), por medio de la cual conocemos la vida de los esclavos en esta colonia francesa y su posterior revolución, y la vida en Nueva Orleáns, una ciudad que me parece fascinante. Como suele ocurrir en las novelas de Isabel Allende, a través de la novela desfilan varios e interesantes personajes femeninos, aunque también hay varios personajes masculinos llenos de bondad y coraje.
La recomiendo sobre todo a quienes tengan ganas de conocer más sobre la época de la esclavitud, muy bien ambientada.

La isla bajo el mar (fragmento)

"En mis cuarenta años, yo, Zarité Sedella, he tenido mejor suerte que otras esclavas. Voy a vivir largamente y mi vejez será contenta porque mi estrella -mi z´etoile- brilla también cuando la noche está nublada. Conozco el gusto de estar con el hombre escogido por mi corazón cuando sus manos grandes me despiertan la piel. He tenido cuatro hijos y un nieto, y los que están vivos son libres. Mi primer recuerdo de felicidad, cuando era una mocosa huesuda y desgreñada, es moverme al son de los tambores, y ésa es también mi más reciente felicidad, porque anoche estuve en la plaza del Congo bailando y bailando, sin pensamientos en la cabeza, y hoy mi cuerpo está caliente y cansado. La música es un viento que se lleva los años, los recuerdos y el temor, ese animal agazapado que tengo adentro. Con los tambores desaparece la Zarité de todos los días y vuelvo a ser la niña que danzaba cuando apenas sabía caminar. Golpeo el suelo con las plantas de los pies y la vida me sube por las piernas, me recorre el esqueleto, se apodera de mí, me quita la desazón y me endulza la memoria. El mundo se estremece. El ritmo nace en la isla bajo el mar, sacude la tierra, me atraviesa como un relámpago y se va al cielo llevándose mis pesares para que Papa Bondye los mastique, se los trague y me deje limpia y contenta. Los tambores vencen el miedo. Los tambores son la herencia de mi madre, la fuerza de Guinea que está en mi sangre. Nadie puede conmigo entonces, me vuelvo arrolladora como Erzuli, loa del amor, y más veloz que un látigo. Castañean las conchas de mis tobillos y muñecas, preguntan las calabazas, contestan los tambores Djembes con su voz de bosque y los timbales con su voz de metal, invitan a los Djun Djuns ,que saben hablar y ronca el gran Maman cuando lo golpean para llamar a las loas. Los tambores son sagrados, a través de ellos hablan las loas."

LA MUJER DE PAPEL


RESEÑADA por Posible Mente para LIBROS el 15 de Noviembre de 2013.
Terminé La mujer de papel. No recuerdo si se había hecho alguna reseña de este libro, pero me gustó. Tanto la historia que cuenta, cómo y sobre todo, la personalidad de la protagonista.
Lo recomendaría.

Sinopsis (Ed. Debolsillo)
Esta magnífica novela nos traslada a un viejo apartamento de Beirut en el que se encuentra una mujer, con el pelo teñido de azul, que tiene una apasionante historia que contar. Por el autor de El contador de historias.
La mujer de papel ha sido galardonada con el Premio Fémina 2016.
«Podríamos decir que cuando me teñí el pelo de azul estaba pensando en otras cosas, y dos copas de vino tinto no mejoraban mi concentración. Me explicaré...»
Aquí está Aaliya, una mujer de unos setenta años, cómodamente sentada en un viejo sillón de su apartamento en Beirut, con una taza de té en las manos y muchas ganas de hablar. La señora nos cuenta su vida, pero qué vida... Huérfana de padre, repudiada por un marido al que nunca quiso, Aaliya ha dedicado sus mejores años a leer libros y a traducirlos, mientras en la calle caían las bombas y retumbaban los   ecos de una guerra que la obligó a dormir con un rifle al lado de la cama y a ofrecer su cuerpo a cambio de una ducha caliente.


La mujer de papel (fragmento)
"Me produce ternura recordar cómo estaban distribuidos los muebles en la habitación principal, cómo ponían la gran bandeja de latón encima de la otomana redonda de lona a la hora de cenar.
Pero también siento nostalgia de los paseos por el camino de Swann, así como por el camino de Guermantes; del momento en que Charles Kinbote sorprende a John Shade bañándose; de cómo se sienta Ana Karenina en el tren.
Una vez conocí a una secretaria, la madre de una compañera de clase. Una mañana acompañó a su hija al colegio y la dejó junto a la puerta; el portero armenio, un hombre de cabello entrecano, salió de su caseta para saludarlas, como hacía siempre que aparecía algún padre.
¿Era Hércules el portero del Cielo? Sea como sea, no describiría a aquel anciano armenio como Hércules. Su trabajo consistía en asegurarse de que ningún alumno saliera antes de que hubieran terminado las clases y de que solo entraran alumnos y maestros, de modo que, aunque se acercara a la madre servilmente, en realidad estaba llevándose a la hija y prohibiendo a aquella entrar. Así que no, nada de Hércules. Por mucho que me gustara y que me sintiera como en mi casa dentro de aquella jaula, el colegio se parece más al Hades que al Cielo; en el colegio se lleva a cabo un asesinato ritual de la infancia, se da muerte a los niños. El vigilante era el barquero.
Tras entregarle a su hija, la madre le dedicó una sonrisa patricia. Llevaba un vestido hecho a medida que parecía prestado, como si se hubiera propuesto crecer dentro hasta que le quedara bien. Era un vestido gris, de un tono un poco diferente del gris peltre del cielo amenazador de aquel día. Se cubría los hombros con un chal de color azul intenso. A diferencia de los maestros que iban llegando, todos afectados por una epidemia de desinterés, ella parecía interactuar con el mundo que la rodeaba, alerta y participativa. Mientras escribo esto recuerdo lo maravilloso que era observarla, una madre que parecía tan joven, que todavía conservaba cierta vitalidad infantil.
Yo observaba el momento de la entrega desde detrás de la valla del colegio, mirando entre los barrotes (sí, barrotes metálicos por los que el año anterior podía pasar la cabeza). Los barrotes estaban cubiertos de varias capas grumosas de pintura amarilla barata, color canario enjaulado, que se desconchaba y desprendía, y la herrumbre que asomaba por debajo combinaba bien con el amarillo. Yo miraba fijamente. Tenía las manos agarradas a los barrotes, la cara aprisionada entre ellos, los pómulos pegados al metal.
La hija, mi compañera de clase, vino hasta mí. Observó a su madre, que intercambiaba unos cumplidos innecesarios con el barquero. Nosotras, en cambio, no nos dijimos nada. Su madre nos vio y se acercó. Me preguntó educadamente quién era yo, si era amiga de su hija, una pregunta breve y amable que solo requería un sí o un no por respuesta. "