jueves, 21 de diciembre de 2017

TAMBIÉN ESTO PASARÁ


Esperé a que se callase el coro de aduladores y amigos de mamá, esperé a que el poso literario cubriese las publicaciones en revistas femeninas y suplementos dominicales, esperé a que el eco de la muerte se apagase y..., por fin me lo traje de la biblioteca (la pela es la pela y no estamos para experimentos).
Hay un viejo refrán que dice "vive de tus padres mientras no puedas vivir de tus hijos", pues a eso se reduce este "diario infanto- juvenil" escrito por una cuarentona con poco talento y ninguna vergüenza.
Se trata, en resumen, de una sarta de frases hechas y lugares comunes,  eso sí, sólo habitados por gente rica, glamourosa, intelectual y catalana de toda la vida. Un "ajuste de cuentas" no se sabe muy bien con qué o con quien y un lamento de pija insatisfecha.
Hay algo de justicia en que el talento no sea hereditario, pero siempre "nos quedarán" el dinerito y las amistades....., déjalo así querida Milena y dedícate a lo de siempre...., nada.

Sinopsis (Ed. Anagrama)
Cuando era niña, para ayudarla a superar la muerte de su padre, a Blanca su madre le contó un cuento chino. Un cuento sobre un poderoso emperador que convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. Tras meses de deliberaciones, los sabios se presentaron ante el emperador con una propuesta: «También esto pasará.» Y la madre añadió: «El dolor y la pena pasarán, como pasan la euforia y la felicidad.» Ahora es la madre de Blanca quien ha muerto y esta novela, que arranca y se cierra en un cementerio, habla del dolor de la pérdida, del desgarro de la ausencia. Pero frente a este dolor queda el recuerdo de lo vivido y lo mucho aprendido, y cobra fuerza la reafirmación de la vida a través del sexo, las amigas, los hijos y los hombres que han sido y son importantes para Blanca, quien afirma: «La ligereza es una forma de elegancia. Vivir con ligereza y alegría es dificilísimo.» Esta y otras frases y el tono de la novela, tan ajena a cualquier concesión a lo convencional, evocan aquella Bonjour tristesse de Françoise Sagan, que encandiló a tantos (y escandalizó a no pocos) cuando se publicó en 1954. Todo ello en el transcurso de un verano en Cadaqués, con sus paisajes indómitos y su intensa luz mediterránea que lo baña todo.

También esto pasará (fragmento)

1Por alguna extraña razón, nunca pensé que llegaría a los cuarenta años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo con el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años, ni siquiera con cincuenta. Y sin embargo aquí estoy. En el funeral de mi madre y, encima, con cuarenta años. No sé muy bien cómo he llegado hasta aquí, ni hasta este pueblo que, de repente, me está dando unas ganas de vomitar terribles. Y creo que nunca en mi vida he ido tan mal vestida. Al llegar a casa, quemaré toda la ropa que llevo hoy, está empapada de cansancio y de tristeza, es irrecuperable. Han venido casi todos mis amigos y algunos de los de ella, y algunos que no fueron nunca amigos de nadie. Hay mucha gente y falta gente. Al final, la enfermedad, que la expulsó salvajemente de su trono y destrozó sin piedad su reino, hizo que nos puteara bastante a todos, y claro, eso se paga a la hora del funeral. Por un lado, tú, la muerta, les puteaste bastante, y por otro
lado yo, la hija, no les caigo demasiado bien. Es culpa tuya, mamá, claro. Fuiste depositando, poco a poco y sin darte cuenta, toda la responsabilidad de tu menguante felicidad sobre mis hombros. Y me pesaba, me pesaba incluso cuando estaba lejos, incluso cuando empecé a entender y aceptar lo que pasaba, incluso cuando me aparté un poco de ti al ver que, si no lo hacía, no sólo morirías tú bajo tus escombros. Pero creo que me querías, ni mucho, ni poco, me querías y punto. Siempre he pensado que los que dicen «te quiero mucho», en realidad te quieren poco, o tal vez añaden el «mucho», que en este caso significa «poco», por timidez o por miedo a la contundencia de «te quiero», que es la única manera verdadera de decir «te quiero». El «mucho» hace que el «te quiero» se convierta en algo apto para todos los públicos, cuando, en realidad, casi nunca lo es. «Te quiero», las palabras mágicas que te pueden convertir en un perro, en un dios, en un chiflado, en una sombra. Además, muchos de tus amigos eran progres, ahora creo que ya no se llaman así o que ya no existen.

NATURALEZA MUERTA


Primera entrega de la serie de novelas protagonizadas por Armand Gamache, inspector jefe del Departamento de Homicidios de  la Sûreté du Quebec.

Aunque empecé mal, he rectificado y vuelto al principio. Esta es la primera y galardonada novela de la serie protagonizada por el inspector jefe Gamache y su equipo.
No es que sea imprescindible empezar por esta, Penny tiene la suficiente maestría como para poner al lector "en situación" empieces por cual empieces (además ya se encargan las editoriales españolas de que no podamos seguir el orden....).
Resumiendo, una novela de presentación y mucho más, un debut magnifico que hará de Penny una de las grandes de la novela negra.
Me ha encantado.

Sinopsis (Ed. La factoría de ideas)
A medida que la niebla matutina se va despejando el domingo de Acción de Gracias, los hogares de Three Pines cobran vida; todos menos uno... Para los lugareños el pueblo es un reducto de seguridad. De modo que, cuando encuentran muerto a un miembro muy querido de la comunidad en el bosque de arces, les invade la perplejidad. Sin duda debió de ser un accidente, la flecha extraviada de un cazador. ¿Quién iba a querer a Jane Neal muerta? A lo largo de una extensa y fulgurante carrera en la Sûreté du Quebec, el inspector jefe Armand Gamache ha aprendido a buscar serpientes en el Paraíso. Gamache sabe que hay algo oscuro merodeando tras las cercas blancas y, si observa con suficiente detenimiento, Three Pines empezará a desvelar sus secretos...

Naturaleza muerta (fragmento)

UNO La señorita Jane Neal se reunió con su Creador en la niebla matinal del domingo de Acción de Gracias. Fue una auténtica sorpresa para todo el mundo. La de la señorita Neal no fue una muerte natural, a no ser que uno sea de la opinión de que todo sucede como se supone que tiene que suceder. De ser así, Jane Neal llevaba sus setenta y seis años avanzando hacia aquel momento final en el que la muerte la sorprendió en el luminoso bosque de arces que bordeaba el pueblo de Three Pines. Había caído con las extremidades completamente separadas, como si estuviera dibujando ángeles entre las hojas relucientes y quebradizas.
El inspector jefe Armand Gamache, de la Sûreté du Québec, se arrodilló; sus articulaciones crujieron como el estallido del rifle de un cazador, sus manos, largas y expresivas, se cernieron sobre el diminuto círculo de sangre que había echado a perder la mullida rebeca, como si fuera un mago que pudiera eliminar la herida y curar a la mujer. Pero no podía. No era ése su don. Afortunadamente para Gamache, tenía otros. El olor del aire le recordó el de las bolas de naftalina, el perfume de su abuela. Los ojos amables y tiernos de Jane lo miraban como si se sorprendieran de verlo.
Era él quien se sorprendió al verla a ella. Ese era su pequeño secreto. No era que la hubiera visto antes. No. Su pequeño secreto era que, a sus cincuenta y tantos años, en la cúspide de una carrera larga y, ahora, aparentemente estancada, la muerte violenta seguía desconcertándolo. Lo cual era raro para un jefe de homicidios, y quizá una de las razones por las cuales no había seguido progresando en el cínico mundo de la Sûreté. Gamache siempre albergaba la esperanza de que, tal vez, alguien había entendido mal y no hubiese cadáver. Pero no había margen de error en la cada vez más rígida señorita Neal. Tras incorporarse con la ayuda del inspector Beauvoir, se abotonó la Burberry forrada para aplacar el frío de octubre y se quedó pensativo.

KAFKA Y LA MUÑECA VIAJERA


En el parque Sieglitz se encuentran el principio y el final de la vida, se encuentran el pasado y el futuro, la vida y la muerte; intercambian cartas y sentimientos, intercambian amor.
Me ha encantado este cuentito que se lee en un suspiro y se disfruta mucho!!!

Sinopsis (Ed. Siruela)
Un año antes de su muerte, Franz Kafka vivió una experiencia muy insólita. Paseando por el parque Steglitz, en Berlín, encontró a una niña llorando desconsolada: había perdido su muñeca. Para calmar a la pequeña, el autor de La metamorfosis se inventó una peculiar historia: la muñeca no se hbaía perdido, se había ido de viaje, y él, convertido en cartero de muñecas, tanía una carta que le llevaría al día siguiente al parque.

Kafka y la muñeca viajera (fragmento)
"Franz Kafka examinó de nuevo su reloj, y el de la torre. Ningún error. Pasaban diez minutos de la hora habitual a la que Elsi aparecía corriendo por el extremo del parque, a su izquierda. Diez minutos, la mayor de las tardanzas. ¿Significaba eso que su interés había muerto de repente? ¿Y si se encontraba enferma? ¿Qué haría Brígida en tal caso, seguir escribiendo día tras día para cuando se recuperase?
Dos semanas, catorce cartas, y aquellos diez minutos bastaban para enfrentarlo a una certeza desconocida hasta ese momento.
¿Hasta cuándo sería el cartero de muñecas?
¿Hasta cuándo escribiría la muy viajera Brígida?
Once minutos, doce.
Franz Kafka bajó la cabeza. Se sintió más triste y desilusionado que Elsi la mañana de la irreparable pérdida. Recordó paso a paso la escena de la que había formado parte veinticuatro horas antes sin hallar en ella nada que indujera a sospechar del cansancio de la niña. Había disfrutado mucho sabiendo cómo Brígida navegó por el Nilo y se internó valiente y audazmente por los pasillos secretos de las pirámides. Tanto como él escribiéndolo. De hecho le entraron unos deseos enormes de visitar Egipto.
Quince minutos.
Se resignó a lo inevitable. Si se trataba de un resfriado, la pobrecilla lo estaría pasando tan mal como él, sin posibilidad de avisarlo. Si por el contrario era el cansancio, el fin de su interés… Por lo menos habría cumplido con su tarea, impidiendo que una enorme herida presidiera la existencia de Elsi a causa de la pérdida de Brígida. Bastante había hecho con serle fiel dos semanas enteras.
—Podrás volver a escribir algo de provecho —se dijo.
¿Acaso no era de provecho la correspondencia de Brígida?
Tal vez tuviera más valor que cualquiera de aquellos relatos que nunca publicaría, y que estaban condenados al fuego y al olvido cuando Max Brod cumpliera con su voluntad tras su muerte.
Se sentía triste.
Decepcionado.
Veinte minutos.
¿Por qué seguía esperando? Nada menos que él, Franz Kafka, un adulto, esperando a una niña de poquísimos años…
Iba a levantarse.
Entonces la vio, como siempre, corriendo desde el extremo del parque, más veloz y congestionada que otras veces. Corriendo como aquello fuese lo más importante de su corta vida.
Ningún olvido.
Allí estaba Elsi.
Franz Kafka sonrió aliviado. "

UNA REVELACIÓN BRUTAL


Quinta entrega (primera publicada en castellano) de la serie de novelas protagonizadas por Armand Gamache, jefe del Departamento de Homicidios de la Sûreté du Quebec.

Imaginad una St Mary Mead moderna, con bistrot, boulangerie, galería de arte, librería de viejo y......, muchos, muchos secretos, envidias, rencores, cotilleos y forasteros que vienen a romper la "paz" del lugar. Imaginad que está situada en Canadá y que un robusto policía de Montreal investiga todo lo que allí ocurre....
Pues así es Una revelación brutal, una novela con todos los ingredientes de la intriga rural en el pueblo canadiense Three Pines, en el que los corazones ocultan lo que no se puede mostrar si se quiere ser un buen vecino.
Me ha encantado esta novela de Louise Penny, la primera que leo de la autora, aunque no la primera de esta serie protagonizada por Armand Gamache, jefe del Departamento de Homicidios de la Sûreté du Québec; es la primera pero no será la última.
Recomendable, muy recomendable¡¡¡¡

Sinopsis (Ed. Salamandra)
Una noche fría y oscura, dos hombres conversan frente al hogar de una cabaña oculta entre la espesura de un bosque de Quebec. Uno de ellos relata una aciaga historia, de dimensiones casi míticas, que culmina en el caos y la violencia. Al día siguiente, la aparición del cadáver de uno de los contertulios conmociona a los residentes de la apacible localidad de Three Pines, cerca de la frontera con Vermont. Desde Montreal acude el afamado inspector Armand Gamache, jefe del Departamento de Homicidios de la Sûreté du Québec, y su equipo de colaboradores, que se encuentran con un cuerpo manchado de sangre que nadie parece reconocer, lo último que uno esperaría en un pueblo que se diría salido de una fábula infantil.
Sin embargo, incluso en las comunidades de apariencia más bucólica, la calidez de sus habitantes, la solidaridad entre vecinos y el ambiente acogedor de sus moradas pueden esconder secretos inconfesables y episodios tenebrosos. Así pues, desvelar el reverso de la idílica postal supondrá para Gamache uno de los desafíos más apasionantes de su carrera.
La prosa envolvente y sensual de Louise Penny sumerge al lector en un fascinante viaje virtual a la pequeña comunidad de Three Pines, en los hermosos parajes quebequenses. Pero el prodigioso talento de Penny para subyugarnos con los mínimos detalles del entorno y los rasgos más sutiles de los personajes no hace más que subrayar la otra cara de la moneda: la sempiterna ignominia que permanece agazapada en el fondo del ser humano, lista para dar el zarpazo en cualquier instante.

Una revelación brutal (fragmento)

UNO—¿Todos? ¿Los niños también?
—Los restallidos del fuego que crepitaba en el hogar acallaron su exclamación entrecortada—. ¿Masacrados?
—Peor.
Entonces se hizo el silencio. Y en aquella pausa cobraron vida todas las cosas que podían ser peores que una masacre.
—¿Y están cerca?
Un escalofrío le recorrió la espalda al imaginar que algún ser horrendo reptaba por el bosque. Que se acercaba a ellos. Miró alrededor, casi convencido de que descubriría unos ojos rojos al acecho tras las oscuras ventanas. O por los rincones, o debajo de la cama.
—Por todas partes. ¿No has visto la luz que brilla en el cielo por la noche?
—Creía que era la aurora boreal.
Los tonos fluctuantes de rosa, verde y blanco que flotaban ante las estrellas parecían un ser vivo, creciente, lleno de resplandor. Y cada vez más cercano.
Olivier Brulé bajó la vista, incapaz de seguir sosteniendo la mirada, lunática y atormentada, del hombre que tenía enfrente. Llevaba mucho tiempo oyendo aquella historia y diciéndose que no era real. Era sólo un mito, una leyenda que se contaba y se repetía e iba adornándose cada vez más. Junto al fuego de un hogar como aquél.
Sólo era un cuento. No hacía daño a nadie.

EL AGENTE CAÍDO


Segunda entrega de la serie de novelas protagonizadas por Leo Junker, policía de Asuntos Internos en Estocolmo (Suecia).

Ayudada por el insomnio que precede al primer madrugón postvacacional, me he merendado esta novela de Christoffer Carlsson narrada en primera persona por nuestro reciente conocido Leo Junker.
Está bien escrita y tiene vocación de negra-nórdica de calidad, pero......, es muy difícil innovar bajo el sol escandinavo y Junker tiene trazos de esos protagonistas que tanto nos gustan o han gustado:
Es hijo de Wallander, primo de Hole, yerno de Arnaldur Svenson y vecino del Departamento Q....., el riesgo de un protagonista "hecho de recortes" es que se te escape de las manos y a los lectores se nos escape de la mente.....! 
En fin.....seguiremos vigilando!!!

Sinopsis (Ed. Alianza Editorial)
En un oscuro callejón de Estocolmo aparece muerto el cuerpo de Thomas Heber, un profesor universitario. Le asignan el caso a Leo Junker y a su antiguo rival, Gabriel Birck. Leo, que sigue sin atravesar uno de sus mejores momentos, acaba de volver a la unidad de homicidios tras una larga ausencia. Aún abusa de los fármacos para luchar contra sus viejos demonios del pasado, pero trata de aparentar total normalidad para acometer su trabajo.
Junker y Birck apenas tienen pistas para investigar, sólo unas notas misteriosas del difunto que indican que hay más personas en peligro, pero ¿quiénes? ¿Qué delicada información poseía Heber? Cuando sus investigaciones apuntan a grupos marginales de extrema violencia, súbitamente son apartados del caso para dárselo a otra unidad. Leo se da cuenta de que no están ni ante un delito común ni ante un crimen aislado.

"El agente caído" es una novela de amistades y traiciones, fidelidades y doble lealtades. Christoffer Carlsson, uno de los más destacados escritores actuales de la novela negra escandinava, como ya hizo en El hombre invisible de Salem, a través de la atormentada vida de Leo Junker nos introduce en una Suecia alejada de la imagen acuñada de estado de bienestar que todos tenemos. Nos sumerge en los fríos y sombríos bajos fondos de Estocolmo, esos de los que nunca se habla, un sórdido ambiente en el que prima la violencia y la obediencia ciega es la ley.

El agente caído (fragmento)

Capitulo 1
La puerta es pesada, está fría y en la ranura del buzón se lee «THYRELL».
Dirijo un índice tembloroso hacia el timbre antes de decidir que mejor llamo con la mano. Los niños tienen algo de impredecible que me pone nervioso. Estoy mareado, pero el Sobril empieza a surtir efecto y poco a poco me envuelve una tenue neblina. Me siguen fallando las piernas, pero el sudor frío se ha secado y me siento la piel áspera. No acabo de pegar los nudillos a la madera cuando se oye movimiento en el interior, como si me estuvieran esperando. Giran el picaporte con un clic y la puerta se abre; despacio.
Es un niño escuálido, ojeroso y tan pálido que, de entrada, me parece que tiene la piel transparente.
—Estoy enfermo —dice.
—Vale, no pasa nada.
—Neumonía —aclara el niño muy despacio, como si la palabra le exigiera un gran esfuerzo.
—¿Cómo te llamas?
—John. ¿Y tú?
—John es un buen nombre. Yo me llamo Leo, soy policía. ¿Están en casa tu madre o tu padre?
—Mi padre está de viaje.
Detrás de él, en algún sitio, se abre una puerta, por la que asoma una mujer de mi edad con cara somnolienta. Lleva un camisón con un estampado de Bob Dylan descolorido.
—John, ¿has abierto la puerta? —pregunta al tiempo que le pone las manos en los hombros—. ¿Qué ocurre?
—Es que… —Dudo un instante—. Soy policía. Se ha producido un incidente abajo, en el patio, y puede ser que John lo haya visto. Me gustaría hablar con él.
—¿Me puedes enseñar la acreditación?

ANTOLOGÍA POÉTICA


Preparándome para lo que se avecina...leo poemas!!!
Los poemas de Ángel González, ovetense de 1925, que publicó su primer libro Áspero Mundo en 1956, hijo de la Guerra Civil, sus poemas son la voz de la experiencia trufada de sentimiento, íntimos y sociales tratan el amor y el paso del tiempo, sin acritud, con ironía y un toque de melancolía auténticamente especial.
Integrante de la Generación del 50 (esos hijos de la Guerra que marcó su obra), su poesía ha sido reconocida nacional e internacionalmente, y premiada en numerosas ocasiones:

Sinopsis (Ed. Alianza Editorial)
Esta ANTOLOGÍA POÉTICA ­preparada por el propio autor y prologada por Luis Izquierdo­ recoge la parte más significativa de la obra de ÁNGELGONZÁLEZ, una de las voces más originales de la poesía española moderna. La presente edición, actualizada y ampliada, reúne poemas de la entera trayectoria del autor, incluyendo piezas de sus libros más recientes:
«Prosemas o menos» (1985), «Deixis en fantasma» (1992) y «Otoños y otras luces» (2001). Otrasantologías poéticas en esta colección: José Hierro (L 5055), José Ángel Valente (L 5046), Jaime Gil de Biedma (L 5037), Blas de Otero (L 5062), Pablo Neruda (L 5314 y L 5315), J. L. Borges (BA 0008), Luis Cernuda (L 5039), Vicente Aleixandre (L 5060), Rafael Alberti (BA 0051), Pedro Salinas (L 5023), César Vallejo (L 5319), Miguel Hernández (L 5030 y L 5043), Juan Ramón Jiménez (L 5051), Antonio Machado (L 5019), Rubén Darío (L 5310).

Antología Poética (un poema)

EL OTOÑO SE ACERCA (Ángel González)
El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
...
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.

LAS CORRECCIONES


Hace mucho tiempo que tenía pendiente esta novela, y no hay momento mejor que unas largas vacaciones para "hincarle el diente" a las más de 600 páginas de esta maravilla literaria escrita por Franzen, publicada en 2001 y premiada con el National Book Award.
Es verdad que en una novela tan larga hay altibajos, pero en general los personajes están tan bien construidos que algunos de ellos se hacen... "odiosos" inmediatamente. El dominio del lenguaje y las emociones es una característica de Franzen y, a veces, se le va la mano, se pierde en sus pensamientos y la tensión narrativa decae; en esos momentos mi "truco" es centrarme en la construcción literaria, disfrutar del lenguaje y continuar hasta que un acontecimiento inesperado me devuelve a la trama con más fuerza que nunca.
¿Es Las correcciones, la gran novela americana? pues me costaría responder contundentemente porque hay grandes novelas norteamericanas en el siglo pasado y en el actual, pero si hiciese un ranking, Las Correcciones estaría, sin duda, incluida.
Los Lambert viven en las páginas de esta novela, como en su casa, hablan, piensan, sufren, lloran, no duermen, pierden y ganan; como cualquier familia diréis, pues sí; salvando las distancias culturales, como cualquier familia. Hay padres e hijos, madres e hijas, suegras y nueras, navidades, discusiones, secretos, comidas y cenas, amor y desamor, salud y enfermedad, rencores, traiciones, viajes, traumas infantiles y......muchas correcciones, propias y ajenas.
Lo recomiendo, sin duda, para leer con calma, para disfrutar de un gran escritor que no pertenece a la cultura del consumo inmediato, para LEER.

Sinopsis (Ed. Salamandra)
Tercera novela de Jonathan Franzen, Las correcciones —editada por primera vez en castellano en 2002— marcó un punto de inflexión en la trayectoria de su autor y lo consagró como uno de los más destacados escritores norteamericanos contemporáneos y uno de los más finos intérpretes de la compleja realidad de nuestra época. Con esta historia inmisericorde de una típica familia norteamericana, Franzen obtuvo el National Book Award y el Premio James Tait Black Memorial, fue finalista de los premios Pulitzer y Pen/Faulkner, vendió cuatro millones de ejemplares y su éxito alcanzó una dimensión internacional.
De este meticuloso retrato de los Lambert emergen de forma brillante y profundamente humana las angustias y contradicciones de toda una sociedad, la norteamericana, y de una época, la última década del siglo XX. Alfred Lambert es un ingeniero de ferrocarril jubilado cuya percepción de la realidad empieza a resquebrajarse a causa de la enfermedad de Parkinson. Su esposa Enid, tras cincuenta años de matrimonio, sigue obsesionada con mantener el orden en su enorme casa de un próspero barrio residencial. Los tres hijos se establecieron en la costa Este años atrás, lejos del hogar familiar. El mayor, Gary, es un alto ejecutivo bancario, un modélico padre de familia acosado por el fantasma de la depresión. Chip, el segundo, tras su fracaso en el mundo académico, se ha enfrascado en un nuevo proyecto de dudosa legalidad. Y Denise, la menor, extremadamente competitiva, triunfa como chef de un restaurante de moda, pero sufre los reveses de una vida sentimental inestable. En el país, la realidad económica corrige las expectativas sobrevaloradas del mercado bursátil, mientras los medicamentos más avanzados corrigen los trastornos del ánimo. Pero, en el ámbito de la familia, ¿pueden los hijos corregir los errores de sus padres? Y en un orden de cosas más concreto, ¿logrará Enid reunir a todos sus hijos para pasar una última Navidad juntos?

Las correcciones (fragmento)

ST. JUDELa locura de un frente frío que barre la pradera en otoño. se palpaba: algo terrible iba a ocurrir. el sol bajo, en el cielo: luminaria menor, estrella enfriándose. ráfagas de desorden, sucesivas. Árboles inquietos, temperaturas en descenso, toda la religión nórdica de las cosas llegando a su fin. no hay aquí niños en los jardines. Largas las sombras en el césped espeso, virando al amarillo. De los robles rojos y los robles palustres y los robles blancos de los pantanos llovían bellotas sobre casas libres de hipoteca. Las ventanas a prueba de temporal se estremecían en los dormitorios vacíos. Y el zumbido y el hipo de un secador de ropa, la discordia nasal de un soplador de hojas, el proceso de maduración de unas manzanas lugareñas en una bolsa de papel, el olor de la gasolina con que Alfred Lambert había limpiado la brocha, tras su sesión matinal de pintura del confidente de mimbre.
Las tres de la tarde era hora de riesgos en estos barrios residenciales y gerontocráticos de St. Jude. Alfred acababa de despertarse en el sillón azul, de buen tamaño, en que llevaba durmiendo desde después de comer. Ya había cumplido con su siesta, y las noticias locales no empezaban hasta las cinco. Dos horas vacías eran un criadero de infecciones. se incorporó trabajosamente y se detuvo junto a la mesa de ping-pong, tratando de oír a Enid, sin lograrlo.
Resonaba por toda la casa un timbre de alarma que sólo Alfred y Enid eran capaces de oír directamente. era el timbre de alarma de la ansiedad. era como una de esas enormes campanas de hierro fundido, con percutor eléctrico, que echan a los colegiales a la calle en los simulacros de incendio. en aquel momento llevaba resonando tantas horas, que los Lambert habían dejado de oír el mensaje de «timbre sonando»: como ocurre con todo sonido lo suficientemente prolongado como para permitir que nos aprendamos los sonidos que lo componen (como ocurre con cualquier palabra cuando nos quedamos mirándola hasta que se descompone en una serie de letras muertas), los Lambert percibían un percutor golpeando rápidamente contra un resonador metálico, es decir: no un tono puro, sino una secuencia granular de percusiones con una aguda superposición de connotaciones. Llevaba tantos días resonando que se integraba en la atmósfera de la casa, sencillamente, salvo a ciertas horas de la mañana, muy temprano, cuando uno de los dos se despertaba sudoroso para darse cuenta de que el timbre llevaba resonando en su cabeza desde siempre, desde hacía tantos meses que el sonido se había visto reemplazado por una especie de metasonido cuyas subidas y bajadas no eran el golpear de las ondas de compresión, sino algo mucho más lento: las crecidas y las menguas de su conciencia del sonido. Una conciencia que se hacía especialmente aguda cuando las condiciones climatológicas se ponían de humor ansioso. entonces, Enid y Alfred —de rodillas ella en el comedor, abriendo cajones; en el sótano él, inspeccionando la desastrosa mesa de ping-pong—, ambos al mismo tiempo, se sentían a punto de explotar de ansiedad.