jueves, 7 de diciembre de 2017

NO LLORAR


Historia reciente de nuestro pobre país, historia de un verano y una mujer, relato muy conveniente para los que quieren olvidar y para los que recuerdan sólo lo que conviene.
Narración en "primera-tercera" persona que me ha conmovido, divertido y sobre todo, me ha hecho pensar.
No será una obra maestra, pero me ha gustado.

Sinopsis (Ed. Anagrama)
Hija de un andaluz y una catalana, Lydie Salvayre, cuyo apellido de nacimiento es Arjona, narra en No llorar la historia de su madre, Montse, nacida en un pueblo de Lérida, que en 1936, con apenas quince años, se va a Barcelona con su hermano anarquista. En la ciudad la joven vivirá el despertar al amor y el júbilo revolucionario de los días posteriores al estallido de la Guerra Civil.
En la novela se conjuga el presente desde el que Montse desgrana sus recuerdos de aquellos maravillosos días de libertad de agosto del 36 con la narración de la estancia de Georges Bernanos en Mallorca y su proceso de escritura de Los grandes cementerios bajo la luna –la condena de un católico durante la sangrienta represión fascista–. Montse Monclús narra la vuelta de Barcelona a su tierra natal y su matrimonio, el de la hija de una familia humilde con el vástago del cacique del pueblo.
A través de la resurrección de la lengua materna, con su prosa Salvayre construye un apasionante relato coral sobre el complejo entramado político de la Guerra Civil, y sobre el exilio y la herencia que dejó a los hijos de los que tuvieron que dejar España para salvar sus vidas. Como si la primera marcha de Montse de su pueblo natal hubiera marcado para siempre un destino en fuga.
«Uno de los más bellos textos de la rentrée literaria, en que la lengua se dota de una poderosa inventiva. Para nosotros, fue un feliz reencuentro con esta autora faro, sin concesiones, en una palabra, auténtica, en la cima de sus ambiciones literarias» (Les Inrockuptibles).

No llorar (fragmento)

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, su ilustrísima el obispo-arzobispo de Palma señala a los justicieros, con mano venerable en la que refulge el anillo pastoral, el pecho de los pobres malos. Lo dice Georges Bernanos. Lo dice un católico ferviente.
Estamos en España en 1936. La guerra civil está a punto de estallar, y mi madre es una pobre mala. Una pobre mala es una pobre que abre la boca. Mi madre, el 18 de julio de 1936, abre la boca por primera vez en su vida. Tiene quince años. Vive en un pueblo perdido de la Cataluña alta, donde, desde hace siglos, los grandes terratenientes mantienen a familias como la suya en la más extrema pobreza.
Por esas mismas fechas, el hijo de Georges Bernanos se dispone a luchar en las trincheras de Madrid con el uniforme azul de la Falange. Durante unas semanas, Bernanos piensa que el alistamiento de su hijo en las filas de los nacionales es justificado y legítimo. Tiene las ideas que todo el mundo conoce. Ha militado en Action Française. Admira a Drumont. Se declara monárquico, católico y heredero de las antiguas tradiciones francesas, y se muestra más afín al espíritu de la aristocracia obrera que a la burguesía adinerada, a la que aborrece. Presente en España en el momento del alzamiento de los generales contra la República, no calibra de entrada la magnitud del desastre. Pero no tarda en rendirse a la evidencia. Ve practicar a los nacionales una depuración sistemática de los sospechosos, mientras, entre dos asesinatos, los dignatarios católicos los absuelven en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia española se ha convertido en la Puta de los militares depuradores.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

BROOKLYN


Arrastrada por la "resaca hollywoodiense" me lancé de cabeza a esta historia irlandesa, escrita desde Irlanda por un escritor irlandés.....no es baladí esta repetición que hago de las palabras, porque desde el primer instante se percibe que la historia de esta mujer la escribe un hombre y que, salvo, conocer el desenlace no tiene el mayor interés, o sí???
Escrita con un estilo "corriente" no me gustaría decir vulgar, no aporta nada a las múltiples historias de emigrantes irlandeses que se fueron a USA tratando de alcanzar una vida mejor.
Historia de una joven que no decide nada, de principio a fin.
Prescindible, totalmente¡

Sinopsis (Ed. Lumen)
Novela sobre la fatalidad, el exilio, el amor o la familia, Brooklyn es una historia para siempre, dueña de un poder emocional sobrecogedor.
Con la templanza, el virtuosismo y la perspicacia psicológica del maestro contemporáneo que es, Colm Tóibín, uno de los mejores escritores irlandeses de nuestros días, ha construido una historia estremecedora sobre el destino cuya diáfana superficie esconde un fondo donde se abisma una complejidad inagotable.
Eilis Lacey es una chica de familia humilde que, como tantos otros, no encuentra trabajo en el pequeño pueblo del sudeste de Irlanda en el que vive. Por ello, cuando se le ofrece un puesto en Norteamérica, no duda en aceptarlo.
Poco a poco, Eilis se abre paso en el Brooklyn de los años cincuenta y, a despecho de la nostalgia y los rigores del exilio, encuentra incluso un primer amor y la promesa de una nueva vida.
Inesperadamente, sin embargo, trágicas noticias de Irlanda le obligan a regresa y enfrentarse a todo aquello de lo que ha huido.

Brooklyn (fragmento)

Sentada junto a la ventana en el salón del piso superior de su casa, en Friary Street, Eilis Lacey vio a su hermana Rose volver del trabajo con paso enérgico. La observó mientras cruzaba la calle, del sol a la sombra, con el nuevo bolso de piel que se había comprado en las rebajas de Clery’s, en Dublín. Llevaba una rebeca color crema sobre los hombros. Los palos de golf estaban en la entrada; en pocos minutos, Eilis lo sabía, alguien iría a buscarla y Rose no volvería hasta que aquella tarde de verano se hubiera apagado.
Las clases de contabilidad de Eilis casi habían finalizado; en el regazo tenía un manual de sistemas contables y en la mesa que estaba tras ella había un libro mayor en el que había introducido, en las columnas de debe y haber, como parte de sus deberes, las operaciones diarias de una empresa de la que había anotado todos los datos la semana anterior en la escuela de formación profesional.
En cuanto oyó abrirse la puerta principal, fue al piso de abajo. Rose, en la entrada, sostenía su espejito de bolsillo y se observaba atentamente mientras se aplicaba pintalabios y maquillaje de ojos. Después contempló su aspecto en el gran espejo del recibidor y se retocó el cabello. Eilis observó en silencio a su hermana mientras esta se humedecía los labios y volvía a mirarse en el espejito de bolsillo antes de guardarlo.


TIRANA BLUES


Empecé esta novela negra albanesa con buenas vibraciones pero estas se han ido esfumando a medida que avanzaba la trama, espesa, repetitiva, profunda, negra pero del "negror" del fango....., no acaba de cuajar en policíaca y el ambiente es gris, muy gris, demasiado gris para "enganchar".
Seguramente volveré a leer a Kongoli porque no escribe mal y Albania es una desconocida para mi, pero esta primera experiencia no ha sido tan prometedora como esperaba.

Sinopsis (Ed. Siruela)
Fatos Kongoli, uno de los máximos representantes de las letras albanesas, muestra en Tirana Blues la crudeza de una sociedad que trata de librarse de sus demonios.

Dos historias de amor interrumpidas. El cadáver abandonado de un joven. Un inspector que intenta atrapar a los asesinos. Con estas líneas argumentales, con personajes y escenarios diversos, intelectuales y mafiosos, la capital y la periferia, Fatos Kongoli crea una novela, a veces burlona, que ahonda en la realidad contemporánea de su país, un presente en el que las calamidades y el infortunio ya no sorprenden a nadie.
Tras las cinco novelas del ciclo «Las cárceles de la memoria», entre las que se encuentran Una nulidad de hombre, El sueño de Damocles y Piel de perro, publicadas por Siruela, que auparon al autor a la élite de las letras albanesas, Kongoli vuelve a sorprendernos con este libro extraordinario. Los lectores hallarán en las páginas de Tirana Blues todo un mundo cargado de dolor y amargura por la inconcebible degradación de una sociedad que trata desesperadamente de librarse de sus propios demonios.

Tirana Blues (fragmento)

1Acababa de introducirse en el agua caliente de la bañera, con la cabeza embotada, cuando en su teléfono móvil sonó el motivo de la Quinta sinfonía de Beethoven. Su número lo conocía muy poca gente. Lo había cambiado por tercera vez hacía un par de semanas, conservando la señal sonora. En su círculo más íntimo a nadie le extrañaba ya que no consiguiera aguantar demasiado sin cambiar de número de móvil. Ni que, cada vez que lo cambiaba, conservara como señal el motivo del Destino, lo que achacaban a su natural supersticioso. Era notorio el nerviosismo que lo embargaba al percatarse de que su número de móvil lo conocía alguien ajeno a su círculo más estrecho, aunque la filtración, como él la llamaba, no le acarreara consecuencia alguna. No era ministro ni primer ministro. Era un simple profesor de historia que publicaba algún que otro artículo en los periódicos y que, en algunas ocasiones, era invitado a opinar sobre determinados acontecimientos históricos en televisión. De modo que su reciente manía de cambiar a menudo y sin razón de número de móvil era admitida como una especie de rara enfermedad suya, desconocida hasta entonces, aunque él, molesto, no se cansara de repetir que el mal procedía de alguno o de alguna de sus allegados. Pese a todas sus recomendaciones, y como si lo hiciera a propósito, ese alguien aireaba su secreto.
Se hundió aún más en el agua. Se cubrió por completo de espuma y cerró los ojos. El motivo de la Quinta sinfonía emitido por el móvil, que había dejado muy cerca sobre un asiento de plástico, atravesaba el reducido espacio intermedio e impactaba directamente en sus tímpanos. Se sumergió entonces por completo, sin dejar fuera ni la punta de la nariz ni el extremo de las orejas. Con la cabeza embotada y envuelto en un húmedo aturdimiento, sintiendo los latidos de su corazón y el batir de sus sienes, contuvo la respiración hasta que no pudo más. De continuar sumergido en el agua corría el peligro de que le estallaran el corazón y las venas de las sienes. Emergió de entre la espuma, respiró hondo y abrió los ojos. Entonces comprobó que la persona que le llamaba a aquella hora de la mañana seguía insistiendo con el convencimiento de que sería incapaz de resistir la tentación de saber, al menos, de quién se trataba. Pero, a este respecto, el otro o la otra se equivocaba.

LOS MUERTOS VIAJAN DEPRISA


Cuarta entrega de la serie de novelas protagonizadas por Valentina Negro, policía en la UDEV (unidad de delitos violentos) de la comisaría de Lonzas de la Policía Judicial de La Coruña y Javier San Juan, perfilador y criminólogo valenciano que trabaja como profesor.

Personajes conocidos y personajes nuevos, Semana Negra de A Coruña, un toque de "casquería fina", una trama menos elaborada que en sus anteriores novelas, un final que anuncia nuevas "aventuras" de Valentina Negro y Javier Sanjuan.
Como bien dijo mi querida Noelia Vallina, novela para un fin de semana lluvioso y poco más.

Sinopsis (Ed. Ediciones B)
Los criminólogos Vicente Garrido y Nieves Abarca forman el tándem literario más aplaudido de la actual novela negra, y los libros protagonizados por Valentina Negro, una bellísima y violenta inspectora de policía, cuentan con una auténtica legión de lectores.
Los muertos viajan deprisa es una invitación a asomarse a las debilidades humanas y una reflexión sobre los motivos que pueden llevarnos a la maldad. Un relato extraordinario que va más allá de cualquier etiqueta de género. La historia -que toma su título de una cita de Bram Stoker- arranca con un brutal asesinato a bordo del Tren Negro, en el que varios escritores se dirigen a un famoso encuentro de literatura policíaca. Tras este crimen vienen otros, siempre llenos de simbolismo.
La inspectora Negro y su inseparable compañero, el criminólogo Javier Sanjuán, tienen que averiguar quién es el enigmático asesino de escritores. Mientras tanto, un peligroso violador de adolescentes, capturado en el pasado por Valentina, ha escapado de la cárcel, complicando aún más la situación.

Los muertos viajan deprisa (fragmento)

Prólogo
1
Cecilia
Cecilia Jardiel reposaba sobre la litera, el pecho aún agitado por la intensa sesión de sexo que había tenido con Toni Izaguirre. Sintió un repentino escalofrío y se levantó para recoger la manta del suelo. Estaba desnuda y descalza. Apoyó los pies en la cálida moqueta del vagón. En el espejo se reflejó su pequeño cuerpo, delgado, casi infantil, la media melena castaña desordenada sobre sus ojos color miel, los pechos pequeños, los pezones oscuros aún excitados, el pubis breve y depilado, húmedo por el sudor y los fluidos. Notó cómo caía entre sus piernas un líquido tibio y espeso, y buscó sus bragas, perdidas entre el revoltijo de manta y sábanas que habían caído en el fragor de la batalla erótica.
Escuchó un ruido en el exterior y unos leves golpes en la puerta.
«Será Toni. Se habrá dejado algo.»
Cecilia se puso el camisón con prisa y fue a abrir la puerta de la cabina. Asomó la cabeza, sonriendo, esperaba una cara conocida. Fuera había un hombre vestido de uniforme, barbudo, un revisor.
Cecilia elevó las cejas con curiosidad. Iba a decir algo cuando el hombre la golpeó en la cabeza con una porra, en un gesto muy rápido, mientras se colaba en el compartimento con el movimiento grácil de un bailarín. Cecilia no pudo reaccionar; la sorpresa dejó paso al estupor y finalmente a la inconsciencia en fracciones de segundo. Pero antes de que cayera al suelo su captor tuvo tiempo de recogerla entre sus brazos.
Cecilia despertó. Abrió los ojos de repente, ojos atravesados por punzadas insoportables. Se intentó mover, pero fue un gesto que solo duró unos segundos, un gesto que la espabiló por completo a la vez que la enfrentaba a la terrible realidad, angustiosa, inesperada, en la que se encontraba tras su sueño traumático.
Estaba atada. El dolor terrible laceraba sus muñecas, sus tobillos, su cabeza. Casi no podía respirar. Tenía la boca ocluida por un trapo y silenciada por un trozo de cinta. El hombre de la barba se había sentado en un taburete y la contemplaba sin mover un músculo. De repente, se levantó y comenzó a hablar en voz muy queda.


FARSA


Primera entrega de la serie de novelas protagonizadas por Alex King, consultor especialista en comportamiento humano en Suecia.

Nueva novela negra que viene del Norte....¿de donde iba a ser?.
El escritor sueco Thomas Erikson crea un alter ego (psicólogo-coach asesor de empresas) para protagonizar este "enredo" mafioso-financiero que es entretenido pero no aporta novedades sustanciales al panorama de la negra-nórdica.
Entretenida y previsible desde la mitad del libro, tiene un final que anuncia, sin ambages, CONTINUARÁ....¡

Sinopsis (Ed. Siruela)
«Otro prometedor escritor sueco del género negro. La novela sobre Alex King, psicólogo experto en el comportamiento, es la primera de Thomas Erikson, y estamos encantados de descubrir que está trabajando en la secuela, ya que sin duda queremos conocer a los personajes de Farsa un poco mejor».
The Crime House
Alex King, un reputado psicólogo asesor de empresas, experto en comunicación y lenguaje corporal, está dando una conferencia ante un auditorio de quinientas personas cuando de repente un sicario se descuelga de la cornisa del techo de la sala, a doce metros de altura, de un disparo certero mata a uno de los asistentes y se escabulle. La víctima es un conocido financiero que días antes había recibido una carta de extorsión anónima. Pocos días después, otro millonario es asesinado en las mismas puertas de la Jefatura de Policía, a donde había acudido para denunciar que él también había recibido una carta amenazante. El pánico empieza a cundir entre las familias acomodadas de Estocolmo… Alex King es citado como testigo por la policía, que en seguida le pedirá su colaboración para resolver el caso al comprobar lo efectivo de sus inusuales métodos e intuiciones.

Farsa (fragmento)

1Había engañado, estafado y traicionado durante toda su vida. Todo el mundo tenía habilidades especiales, y las suyas eran esas. Era bueno para embaucar, confundir y humillar a los demás. No es que se sintiera orgulloso de ello, simplemente era así. No sabía a cuántas personas había empujado al suicidio ni a cuántas familias había arruinado. Tal vez decenas, tal vez cientos de ellas, pero ni le alteraba el sueño ni le producía mala conciencia.
Lo había hecho por dinero.
A Claes Ljunggren le gustaba el dinero. Le daba sensación de libertad. Ahora tenía algo más de mil millones y el siguiente nivel, ser multimillonario en dólares, quedaba muy lejos. Era demasiado tarde para conseguirlo.
Eso se había terminado.
¿No era curioso que hubiera tenido que envejecer para darse cuenta de que era hora de cambiar antiguos esquemas? El diablo nunca fue viejo y piadoso. Pero él no se avino a razones hasta que sintió el cuchillo en la garganta.
Precisamente estaba leyendo un libro de Alfred Nobel en ese momento. Lo fascinaba la historia del Nobel, pero más que nada los motivos que condujeron a que se instituyera el premio que lleva su nombre. Cuando Ludvig Nobel murió en 1888, un periódico confundió a los dos hermanos y publicó el obituario de Alfred. Al leer acerca de su propia muerte, Alfred reflexionó. Él había inventado la dinamita. El obituario lo describía como «el mercader de la muerte», ya que la dinamita podía utilizarse en la guerra. Por ello instituyó el Premio Nobel en su testamento.
Claes era consciente de que resultaba muy pretencioso compararse con Alfred Nobel. Podía ser codicioso, pero no era estúpido. Aparte de una larga serie de adversarios, ¿qué iba a dejar él tras de sí?

LA PEQUEÑA JONNA


La biblioteca pública es una fuente inagotable de placeres literarios, en esta ocasión, me ha proporcionado la oportunidad de leer la primera novela publicada en castellano de la gran Kirsten Thorup; me acerqué a la novela atraída por la hermosa portada, leí la contraportada y me la traje a casa.
Acierto espectacular esta vida de Jonna y su familia, Jonna y su pueblo, Jonna y la sociedad danesa de la postguerra mundial,  que evidencia que los pobres son iguales en todas partes.
La niña Jonna nos cuenta su vida y a través de sus pensamientos conocemos la dureza de la vida rural en una Dinamarca alejada de la "sociedad del bienestar", es interesante tener tanto en común con una niña de otra época, de otro país y de diferente extracción social; es interesante saber y comprobar que los sentimientos son universales y que una gran escritora puede plasmarlos en una novela sin resultar sensiblera ni artificial.
Me ha gustado mucho¡¡¡

Sinopsis (Ed. Errata Naturae)
La pequeña Jonna nace durante la Segunda Guerra Mundial. Al comienzo de estas páginas tiene diez años y su historia nos traslada a un pequeño pueblo danés. Jonna es una observadora atenta y lúcida de la vida cotidiana: admira a su hermano mayor, se conmueve con las historias de su padre, ayuda a su infatigable madre. Gracias a su perspicacia, es capaz de percibir la hipocresía de los demás y la pobreza de su propia familia (de hecho, sufre la vergüenza de ser pobre y el miedo a caer aún más bajo debido a las malas cosechas y los desmanes económicos de la posguerra mundial). Son muchos los personajes extraordinarios que pueblan esta novela, pero destaca especialmente la hermosa y trabajadora Betty, la excepcional madre de Jonna. Decir «una mujer ejemplar» es decir muy poco: raramente se encuentran en la ficción personajes tan bien dibujados, tan vívidos como ella. Tan humana, diríamos incluso sin exageración alguna. Betty representa a todas esas mujeres que, a lo largo del siglo XX, y en medio de las guerras, o tras ellas, tuvieron que ponerse al frente de cada familia, de cada hogar, para sacarlo adelante. Risas y lágrimas, realismo e imaginación se dan la mano en este gran clásico de la literatura danesa, en el que, a través del proceso de crecimiento de Jonna y de su viaje personal hacia la madurez en compañía de su familia, Kirsten Thorup —Gran Premio del Consejo Nórdico de Literatura— consiguió reflejar los cambios de toda una sociedad.   Kirsten Thorup es una de las mejores escritoras danesas de todo el siglo XX: Gran Premio del Consejo Nórdico de Literatura.
«Hay muchas maneras de escribir bien y de un modo relevante. Sin ser melodramático: Kirsten Thorup es una de las mejores retratando lo fundamental de la vida danesa contemporánea». Erik Svendsen, Jyllands-Posten
«Sabe encontrar grandeza en lo pequeño de un modo que jamás resulta previsible o banal». Information
«Kirsten Thorup fusiona con absoluta originalidad el realismo popular de corte más amplio y el legado de las grandes novelas sociales de finales del siglo pasado, y los combina con un método particularmente estético». Litteraturmagasinet
«Introducirse en la vida diaria de las mujeres que protagonizan sus novelas es una experiencia importante: la experiencia de verse cosificado, de ser más un objeto que un sujeto, un receptor; de corrupción, de golpes, de caricias, de palabras cariñosas». Politiken

La pequeña Jonna (fragmento)

UN PIOJO ENTRE DOS UÑASCuando yo tenía diez años, mi hermano mayor tenía veintiuno. Lo quería a rabiar. Y por las noches, si pasaba miedo, me escabullía hasta su cama. Sobre todo después de ver una de esas películas prohibidas a los niños. Luego me entraban remordimientos y creía que el miedo a todas aquellas cosas horribles que acababa de ver era el castigo natural a mi violación de la ley. Él se arrimaba a la pared para dejarme sitio, pero más allá de eso no daba señal alguna de haberse percatado de mi presencia. Dormía apaciblemente y no se movía en toda la noche. Se acostaba de lado, de cara a la pared, como un enorme animal abatido. A menudo yo deseaba que me incluyera en su sueño, colarme del otro lado, en el hueco que se abría entre su cuerpo y la pared. Mi hermano tenía una espalda increíblemente ancha y cuadrada, como un muro ciego. No me atrevía a tocarla. Temía molestarlo o despertarlo sin querer. Me quedaba boca arriba, rígida como un tablón, y observaba el techo. Me maravillaba su indiferencia ante la aparición de otra persona en su cama. Y que, ni siquiera en sueños, me rozara con la rodilla, el dedo gordo del pie o el brazo. Tanto que me obligaba a mí misma a permanecer despierta, vigilándolo. Él seguía inmóvil en la misma postura hasta despuntar el alba. No creo ni que soñara.
Después de noches como aquéllas amanecía agotada. Aun así, tan pronto como oía su despertador me levantaba de un salto y me acurrucaba en mi cama, bien escondida debajo del edredón. Me sentía como si hubiera dormido destapada toda la noche y sólo en ese momento me diera cuenta del frío que había pasado.
Mi hermano dejaba sonar el despertador hasta que se apagaba. Luego daba media vuelta y se quedaba echado con los ojos abiertos. Tenía el semblante tranquilo e inexpresivo. Yo lo estudiaba con tanto interés como a una criatura llegada de otro planeta. Todos y cada uno de sus gestos y sus acciones eran misteriosos e inexplicables, como si los dictaran leyes secretas.

EL MISTERIO DE LA CASA ROJA


Con un ambiente "cercano" a Christie pero sin la maestría narrativa de Doña Agatha.
Resulta un poco anticuada aunque a los amantes del género puede servirles para pasar una tarde fría y nostálgica.
El autor es el mismo que escribió Winnie the Pooh y quizás los libros para niños sean más lo suyo que este género, que parece fácil pero no lo es¡¡

Sinopsis (Ed. Plaza y Janés)
El escenario es una casa de campo inglesa, perteneciente a Mark Ablett, llena de invitados, entre ellos un mayor británico, una actriz testaruda, y un joven atleta. El hermano de Robert, la oveja de la familia, llega desde Australia y es encontrado muerto en una habitación cerrada con llave. Mark Ablett ha desaparecido, por lo que Tony Gillingham y su amigo Bill deciden investigar, avanzando casi lúdicamente, a través de la novela, mientras que las pistas se acumulan y abundan las teorías.

El misterio de la casa roja (fragmento)

CAPÍTULO PRIMERO
LA SEÑORA STEVENS TIENE MIEDOLa Casa Roja dormitaba en el pesado calor de una tarde veraniega. Sólo se oía el zumbido indolente de las abejas en los cuadros de flores y el gracioso arrullo de las palomas en la cima de los olmos. Desde los lejanos campos llegaba, empero, el suavísimo ronroneo de una segadora, esa canción campestre, sedante si las hay, que acrecienta el placer de la tregua que nos hemos concedido, por contraste con el esfuerzo de los que allá trabajan...
Era la hora en que aun aquellos cuya función consiste en servir a los otros pueden reservarse al fin algunos momentos para sí mismos. En el office, Audrey Stevens, la bonita camarera, adornaba su mejor sombrero, charlando entretanto con su tía, la señora Stevens, cocinera y, sobre todo, ama de llaves, en casa de un solterón, el señor Marc Ablett.
—¿Es por Joe? —preguntó apaciblemente la señora Stevens, mirando el sombrero.
Audrey asintió con la cabeza y quitó un alfiler de su boca para clavarlo en un buen sitio del sombrero antes de explicar:
—¡Le gusta tanto el rosa!
—Tampoco a mí me desagrada — repuso su tía—. Ya ves que Joe Turner no es el único.
—Es un color que no le sienta a todos —dijo Audrey, manteniendo el sombrero al extremo de su brazo a fin de apreciarlo mejor—. Tiene elegancia, ¿no?
—Oh, te queda a las maravillas. También a mí me habría quedado muy bien, cuando tenía tu edad. Ahora resultaría demasiado llamativo, desde luego; lo cual no impide que la toilette me siente mejor que a muchas personas, créeme, y jamás he sido de esas que pretenden ser lo que no son. Si tengo cincuenta y cinco años, digo sencillamente mi edad y no me ando con tapujos.